Soy un
viajero con un inicio de travesía poco sorprendente, pues partí como todos
desde el mismo punto y con el mismo primer paso, el pasar de tener nada a tener
la idea de un viaje.
Soy alguien
que siempre fue en busca del final mágico y anhelado que tienen las buenas
historias, soy un viajero que dejó correr las páginas de sus historias con el viento,
¡ con ese “cálido” viento del sur que los Magallánicos conocen tan bien!.
Aparecí en
esos días tranquilos, mientras ella caminaba con cero grados en el termostato,
en esas calles tranquilas junto a la esquina de centro comercial. Si la memoria
no me falla, fue por esos días también en que me volví material, luego de una
visita por la librería.
Es desde entonces que estuve dando vueltas por
aquí y por allá, constantemente y entre varias ciudades, estando algunas veces
más que otras presente en las andanza de mi amiga, pero la verdad es que yo
seguía siempre allí, a medio camino entre ella y su mesón.
En esos
meses fui ganando marcas y arrugas, dobleces, apretujones, desgastándome, ¡pero
también llenándome! Obtuve por ahí algunas manchas y entonces les admito, ¡les
admito! que se me olvidó completamente explicar quién es mi amiga.
¡Retomo desde
el comienzo! Yo surgí cuando ella seguía en Punta Arenas, esa chica multitasking
de la que hablo, rubia e inteligente… ¡ Y para remate alegre! La conocí cuando
miraba su reflejo en la vitrina, por entonces creo que note en esa mirada un
brillo que ella no veía en sí misma, pero que yo volví a ver cuando rasgaba su reflejo en mis
páginas.
Pasaron los
años y yo cambie de cubiertas, de color de lápiz, caligrafía, de tema e incluso fui cambiando
de géneros literarios. Pero la verdad es que siempre fui el mismo, una idea
mudando el material que la cubría, siempre viajando entre mundos y estilos.
Nos
volvimos amigos sin decirnos nunca nada tan directo ni tan especial y no nos presentáramos
al resto del mundo muy a menudo, pero sí estábamos en una amistad donde el
cariño era mutuo y constante. Creo que soy esa clase de amigo secreto que saca
en parte algo de lo más lindo de ella o que por lo menos disfruta recibiendo
tanta maravilla en sus líneas.
Pero bueno,
tome la decisión con el tiempo de siempre seguirla, incluso cuando decidió irse
a Santiago, esperando llegar a buen puerto en ella. Debo decir que estuve dando
tumbos, saltos y piruetas entre tanto que tenía ella que ensayar para su obra, o
que me lanzaba en la mochila corriendo al hospital, que me olvidaba por el
pololo o lo más común, que era lo de ponerse el scrub, cerrar de un portazo el
departamento y salir corriendo olvidándome junto con las llaves de la
casa… y bueno, aunque a veces me olvidaba,
siempre mantuve el buen humor ya que con el tiempo que llevábamos juntos sabia
que necesitaría volver a escribir y de quién le permitiese sacar todo eso
fuera. Y entonces retomaríamos el viaje.
Volvería a
escribir versos y sus cuentos con los que a todas voces me era infiel, porque
creía que eran su razón de escribir, pero yo intuía que me prefería por ser yo
el medio que tiene para hacerlos valer, era su servidor, y un buen escritor
siempre sabe agradecer la oportunidad de crear.
Di vueltas, tumbos y piruetas muchos años
hasta ese día en que complete mi paso de idea a medio, fui esquinas de cuadernos, notas en el
celular, rayones en el dorso de la mano hasta que surgí distinto entre
librerías; y pasaron algunos más hasta que pase de medio a propósito, que fue
en el preciso momento en que entendió entre una multitud de los precisos, que
la creación sirve para hallarnos con los demás. Y me volví mágico.
Y ese día
llegó porque entre tanto estar con ella desde nuestro último gran viaje a la
capital, en el metro, acompañándola a la biblioteca, yendo a sus ayudantías de
patología y devolviéndonos al departamento,
intenté un día algo extraño y nuevo, siguiéndola a su taller, ese donde hablaban
mentiras, porque la profesora les pidió traer sus ideas en libretas.
Recuerdo
claramente el momento, ella me anotaba mientras los demás expresan sus ideas, y
crecíamos juntos, y nosotros con ellos.
Mentían llenos
de verdad y creando ficción en cofradía, recuerdo que recibí aportes de camiones que no
son, de mundos post-apocalípticos, reflexiones
en la micro, salas de de hospital, viajes
en barco, porteros amables, los sentimientos de feño y publicistas perdidos en
el espacio.
Recuerdo
que mientras la reflejaba, le susurré un pregunta:
“Y tú, ¿por qué no me relatas?
¿Por qué no
recitar afuera, lo que sonríe dentro?”
Y en eso
pronto me vuelvo mágico, porque con mis palabras, que decidió llevar a su
taller de mentiras, me abre frente a
todos y me recita. Y me dió ese final anhelado y mágico, cortante y disonante
en lo literario, pero que a la vez es el perfecto regalo para el amigo.
Un amigo que
espera que repitas este final muchas veces este final.
gabrielllllll!!!!!!! esta geniallll te mueres que me emocioné jajaja es de todo mi gusto en serio que si te pasaste!! :'D
ResponderEliminarPuta que escribí bonito, se nota el alma de poeta, no importa si hay poca trama, o una trama secreta que solo la chichi entenderá, se rellena perfecto con tu forma de narrar.
ResponderEliminarestoy tan feliz!
Eliminarque bueno que les gustara :D
Eliminar(con tu ayuda)
ResponderEliminarLa babi es tan amorosa 😘
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