lunes, 10 de agosto de 2015

La Chichi !!!


Soy un viajero con un inicio de travesía poco sorprendente, pues partí como todos desde el mismo punto y con el mismo primer paso, el pasar de tener nada a tener la idea de un viaje.
Soy alguien que siempre fue en busca del final mágico y anhelado que tienen las buenas historias, soy un viajero que dejó correr las páginas de sus historias con el viento, ¡ con ese “cálido” viento del sur que los Magallánicos conocen tan bien!.
Aparecí en esos días tranquilos, mientras ella caminaba con cero grados en el termostato, en esas calles tranquilas junto a la esquina de centro comercial. Si la memoria no me falla, fue por esos días también en que me volví material, luego de una visita por la librería.
 Es desde entonces que estuve dando vueltas por aquí y por allá, constantemente y entre varias ciudades, estando algunas veces más que otras presente en las andanza de mi amiga, pero la verdad es que yo seguía siempre allí, a medio camino entre ella y su mesón.
En esos meses fui ganando marcas y arrugas, dobleces, apretujones, desgastándome, ¡pero también llenándome! Obtuve por ahí algunas manchas y entonces les admito, ¡les admito! que se me olvidó completamente explicar quién es mi amiga.
¡Retomo desde el comienzo! Yo surgí cuando ella seguía en Punta Arenas, esa chica multitasking de la que hablo, rubia e inteligente… ¡ Y para remate alegre! La conocí cuando miraba su reflejo en la vitrina, por entonces creo que note en esa mirada un brillo que ella no veía en sí misma, pero que yo  volví a ver cuando rasgaba su reflejo en mis páginas.
Pasaron los años y yo cambie de cubiertas, de color de lápiz,  caligrafía, de tema e incluso fui cambiando de géneros literarios. Pero la verdad es que siempre fui el mismo, una idea mudando el material que la cubría, siempre viajando entre mundos y estilos.
Nos volvimos amigos sin decirnos nunca nada tan directo ni tan especial y no nos presentáramos al resto del mundo muy a menudo, pero sí estábamos en una amistad donde el cariño era mutuo y constante. Creo que soy esa clase de amigo secreto que saca en parte algo de lo más lindo de ella o que por lo menos disfruta recibiendo tanta maravilla en sus líneas.
Pero bueno, tome la decisión con el tiempo de siempre seguirla, incluso cuando decidió irse a Santiago, esperando llegar a buen puerto en ella. Debo decir que estuve dando tumbos, saltos y piruetas entre tanto que tenía ella que ensayar para su obra, o que me lanzaba en la mochila corriendo al hospital, que me olvidaba por el pololo o lo más común, que era lo de ponerse el scrub, cerrar de un portazo el departamento y salir corriendo olvidándome junto con las llaves de la casa…  y bueno, aunque a veces me olvidaba, siempre mantuve el buen humor ya que con el tiempo que llevábamos juntos sabia que necesitaría volver a escribir y de quién le permitiese sacar todo eso fuera. Y entonces retomaríamos el viaje.
Volvería a escribir versos y sus cuentos con los que a todas voces me era infiel, porque creía que eran su razón de escribir, pero yo intuía que me prefería por ser yo el medio que tiene para hacerlos valer, era su servidor, y un buen escritor siempre sabe agradecer la oportunidad de crear.
 Di vueltas, tumbos y piruetas muchos años hasta ese día en que complete mi paso de idea a medio,  fui esquinas de cuadernos, notas en el celular, rayones en el dorso de la mano hasta que surgí distinto entre librerías; y pasaron algunos más hasta que pase de medio a propósito, que fue en el preciso momento en que entendió entre una multitud de los precisos, que la creación sirve para hallarnos con los demás. Y  me volví mágico.
Y ese día llegó porque entre tanto estar con ella desde nuestro último gran viaje a la capital, en el metro, acompañándola a la biblioteca, yendo a sus ayudantías de patología y  devolviéndonos al departamento, intenté un día algo extraño y nuevo, siguiéndola a su taller, ese donde hablaban mentiras, porque la profesora les pidió traer sus ideas en libretas.
Recuerdo claramente el momento, ella me anotaba mientras los demás expresan sus ideas, y crecíamos juntos, y nosotros con ellos.
Mentían llenos de verdad y creando ficción en cofradía,  recuerdo que recibí aportes de camiones que no son,  de mundos post-apocalípticos, reflexiones  en la micro, salas de de hospital, viajes en barco, porteros amables, los sentimientos de feño y publicistas perdidos en el espacio.
Recuerdo que mientras la reflejaba, le susurré un pregunta:
“Y tú,  ¿por qué no me relatas?
¿Por qué no recitar afuera, lo que sonríe dentro?”
Y en eso pronto me vuelvo mágico, porque con mis palabras, que decidió llevar a su taller de mentiras,  me abre frente a todos y me recita. Y me dió ese final anhelado y mágico, cortante y disonante en lo literario, pero que a la vez es el perfecto regalo para el amigo.


Un amigo que espera que repitas este final muchas veces este final.

6 comentarios:

  1. gabrielllllll!!!!!!! esta geniallll te mueres que me emocioné jajaja es de todo mi gusto en serio que si te pasaste!! :'D

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  2. Puta que escribí bonito, se nota el alma de poeta, no importa si hay poca trama, o una trama secreta que solo la chichi entenderá, se rellena perfecto con tu forma de narrar.

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