martes, 11 de agosto de 2015

El Extranjero


Para Floro (Amigo Secreto)

Mientras veía esa imagen no logró contener una lágrima de impotencia. Ya no sabía de dónde venía ni hacia dónde iba. Después de unos momentos, sacudió la cabeza, alcanzó el reloj de oro que se escondía en el bolsillo de su chaleco y le echó una mirada rápida. – “Voy tarde” – se dijo.

Miró una vez más su reflejo con desagrado y se puso en marcha. Se odió cada vez que arrugaba la nariz frente a un puesto de pescados, cada vez que aceleraba el paso para no tener que tratar con algún vendedor ambulante o un niño pidiendo limosna. No lograba entender cómo podían vivir así, como animales, como cerdos. Pensar que de ahí venía…

Sacó su tabaquera y se decepcionó al ver que le quedaba un solo cigarrillo. Lo puso en su boca y lo encendió, pensó que eso lo ayudaría a tranquilizarse.

Aspiró profundo y lentamente dejó escapar el humo por nariz. Ya había llegado, la puerta de lo que alguna vez fue su casa estaba justo frente a él, sostenida únicamente por la bisagra inferior. Apagó su cigarrillo y guardó lo que le quedaba de vuelta en su tabaquera, respiró hondo y con aire decidido, entró.

Se quedó paralizado, vio cómo la lámpara de aceite caía en cámara lenta desde la mesa de la cocina, y vio, horrorizado, cómo las llamas crecían, consumiendo todo lo que lo rodeaba.

Escuchó los gritos de una mujer, y a lo lejos logró divisar a su madre, acorralada por las llamas cada vez más agresivas. Intentó correr hacia ella, pero una viga cayó frente a él y se lo impidió.
Dio un par de pasos mientras pasaba el índice por los restos carbonizados de lo que alguna vez había sido la mesa del comedor.

El fuego ya se había expandido y estaba ahora en toda la casa. Desde donde estaba lo único que podía hacer era mirar, miraba a su madre tratando de abrirse paso entre las brasas y a un niño intentando socorrerla desesperadamente.

Caminaba ahora por su pieza, se sentó en el suelo, donde debía estar su cama…encendió su cigarrillo otra vez.

El niño luchaba contra los ardientes obstáculos, si sólo hubiera sido más fuerte.

Se agarró la cabeza y dejó que una lágrima cayera al suelo; aspiró y dejó caer la colilla de su cigarro.
Su madre le gritaba al niño que corriera, que ya no había nada que pudiera hacer para salvarla. Mientras decía esto, el fuego la alcanzó y los gritos desgarradores comenzaron, tal como los recordaba.

El niño corrió hasta no saber dónde estaba. No lograba asimilar lo que había sucedido. Ya no había nada para él en ese pueblo infernal. Sin pensarlo, saltó al primer barco que vio, y esperó.

Se paró y siguió con su recorrido, abriéndose paso entre los escombros, las memorias no paraban de volver, todo lo que había dejado atrás ahora parecía increíblemente real. Su madre habría estado tan decepcionada de él si hubiera seguido viva. Con esas ropas elegantes, su corte de pelo caro, su bigote y su reloj. Se sintió asqueado de sí mismo. Si tan sólo hubiera sido más fuerte…

Escuchó un crepitar en la pieza de al lado. Lo que vio lo dejó sin aire en ese mismo instante. La colilla que había botado minutos antes había prendido un manojo de pasto seco que se encontraba entre los tablones del suelo. Las llamas habían vuelto para reclamar la vida que no se pudieron llevar aquella vez. Por lo menos ya no tendría que seguir en ese mundo como un extraño, sintiéndose como extranjero tanto en su tierra natal como en el resto del mundo. En unos minutos todo habría de terminar, al fin iba a ver a su madre.

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