Me enfurece. Me da rabia, me descontrola,
verdaderamente me saca de quicio. ¿Cómo caigo tan fácil? ¿Cómo soy tan incapaz
de resistirme? ¿Dónde se fueron todos esos años de formación valórica?
Mis labios
protestan la interrupción del beso, pero mis manos se frustran con tantas cosas
entre nosotros. Su blusa, mi polera y su sostén desaparecen en un tiempo muy
relativo, mis manos apenas se ven de la velocidad, pero mis labios no soportan
la separación prácticamente eterna.
Parezco animal en celo. Yo que siempre me
enorgullecí de mi frialdad, de lo capaz de abstraerme que soy. ¡Los placeres
del cuerpo son distracciones en comparación al intelecto! Esto lo sé, pero mi
cuerpo dejó de responder a mi supuesta fuerza de voluntad.
Mis labios
ya no se conforman con buscar los suyos, ahora la buscan a ella entera. Lo que
no cubren en besos lo acarician mis manos. Mis oídos solo procesan sus suspiros
y gemidos, incitando al resto de mi cuerpo a seguir adelante. Mi cerebro se
ahoga en endorfinas.
Es una conspiración contra mí. Debe ser eso, no
hay otra posible razón. Mi cuerpo se rebela contra mis intentos de controlarlo.
Mi mente (yo) es lo único que se resiste a esto, y esa resistencia se va
debilitando…
Mis dedos
se enfrentan a una dificultad al bajarle los pantalones, pero mi cuerpo rebelde
no da tiempo a capitalizar el momento de lucidez, y prácticamente se los
arranca. Rasguño por accidente su muslo, pero no reconozco diferencia entre sus
ruidos de placer y el de dolor que posiblemente le causé. Mi nariz capta el
olor a su excitación y es esa la gota que
colma el vaso.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarNo quería que le diera un infarto a alguien :P
ResponderEliminarMe gustó la verdad, me sentí en la historia...
ResponderEliminarWat
EliminarMe deja una sensación muy "real", en el sentido de que en la vida uno suele pensar al mismo tiempo que hace las cosas... Me gustó, no tengo observaciones.
ResponderEliminarGz