lunes, 10 de agosto de 2015

Furia

Me enfurece. Me da rabia, me descontrola, verdaderamente me saca de quicio. ¿Cómo caigo tan fácil? ¿Cómo soy tan incapaz de resistirme? ¿Dónde se fueron todos esos años de formación valórica?

Mis labios protestan la interrupción del beso, pero mis manos se frustran con tantas cosas entre nosotros. Su blusa, mi polera y su sostén desaparecen en un tiempo muy relativo, mis manos apenas se ven de la velocidad, pero mis labios no soportan la separación prácticamente eterna.

Parezco animal en celo. Yo que siempre me enorgullecí de mi frialdad, de lo capaz de abstraerme que soy. ¡Los placeres del cuerpo son distracciones en comparación al intelecto! Esto lo sé, pero mi cuerpo dejó de responder a mi supuesta fuerza de voluntad.

Mis labios ya no se conforman con buscar los suyos, ahora la buscan a ella entera. Lo que no cubren en besos lo acarician mis manos. Mis oídos solo procesan sus suspiros y gemidos, incitando al resto de mi cuerpo a seguir adelante. Mi cerebro se ahoga en endorfinas.

Es una conspiración contra mí. Debe ser eso, no hay otra posible razón. Mi cuerpo se rebela contra mis intentos de controlarlo. Mi mente (yo) es lo único que se resiste a esto, y esa resistencia se va debilitando…


Mis dedos se enfrentan a una dificultad al bajarle los pantalones, pero mi cuerpo rebelde no da tiempo a capitalizar el momento de lucidez, y prácticamente se los arranca. Rasguño por accidente su muslo, pero no reconozco diferencia entre sus ruidos de placer y el de dolor que posiblemente le causé. Mi nariz capta el olor a su excitación y es esa la gota que colma el vaso.

5 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. No quería que le diera un infarto a alguien :P

    ResponderEliminar
  3. Me deja una sensación muy "real", en el sentido de que en la vida uno suele pensar al mismo tiempo que hace las cosas... Me gustó, no tengo observaciones.

    Gz

    ResponderEliminar