Última vez Felipe, ¡que no se vuelva a repetir! -le dijo su padre, antes de salir del cuarto con un portazo.
Ya... -susurró Felipe, mientras se recostaba en su cama, mirando el techo con sus manos detrás de la cabeza.
Una araña se asomó por la almohada, y se subió al torso de Felipe.
¿Cuál es tu excusa esta vez? -preguntó Joaquín mientras se recostaba.
Hablaba y hablaba y hablaba... -contestó Felipe con la mirada perdida.
¿En serio? ¿Tanto como la primera? -Joaquín suspiró- Debes dejar de arrojar personas por la ventana por razones tan ridículas como esta. Es la quinta.
Sólo trataba de ayudarlo -dijo Felipe- como lo haces tu conmigo.
Claro, pero gracias a tu ayuda, ahora él no está. Yo jamás te he arrojado por la ventana -rió Joaquín.
Sólo porque no puedes -replicó sonriendo Felipe.
Se quedaron conversando un rato, hasta que Joaquín decidió irse. Se metió bajo la almohada y Felipe se puso a escuchar música. Pasaron la horas, que parecían minutos, los minutos que parecían segundos... los segundos que parecían horas. Eventualmente, luego de escuchar 10,500 canciones, repitiendo sólo 3 de ellas, se acordó de ella.
¿Sigues ahí? -preguntó Felipe mientras guardaba sus audífonos.
Dime -respondió Joaquín mientras se asomaba por la almohada.
Ya... Me acordé de ella... -comentó Felipe mientras se sentaba en el borde de su cama y se ponía las zapatillas- La extraño.
"A ya yay"...-suspiró Joaquín- ¿Qué sientes?
No se describirlo, pero quiero estar con ella... -contestó deprimido Felipe.
¿Con la infinidad de palabras que existen, no puedes describirlo? -preguntó desconcertado Joaquín mientras se subía al hombro de Felipe- Ayúdame que yo te ayudaré.
Ya... -dijo Felipe mientras terminaba de amarrarse las zapatillas.
¿Qué, vas a intentarlo de nuevo? -preguntó decepcionado Joaquín.
Sí, a ver si logro deshacerme de ti de una vez por todas. Prepárate. -dijo amenazante Felipe mientras sacaba el rociador de veneno y el lanzallamas de su bolsillo.
Joaquín saltó al escritorio y miró directamente a Felipe. Felipe apuntó a quemarropa el veneno y disparó. Joaquín gritó y se retorció bañado en veneno para arañas hasta quedarse quieto.
Ya... -dijo Felipe mientras apuntaba el lanzallamas al cuerpo corroído de Joaquín- Como si fuera a creerte.
Activó el lanzallamas, y encendió su escritorio. Eventualmente toda su pieza estaba en llamas. Salió por la puerta y prendió el pasillo y todas las demás piezas. Se retiró por la puerta de entrada, y solo se escuchaban los gritos de dolor y auxilio de toda su familia. Jacinta, su Golden Retriever, lo acompañó fuera de su casa. Felipe miraba su hogar envuelto en llamas mientras acariciaba a Jacinta que estaba recostada a su lado. Una araña se subió a su hombro.
¿Quieres un helado? -preguntó Joaquín.
Ya... -contestó Felipe.
¿De qué sabor? -insistió Joaquín.
Azul sensual...
Oscuro, burlesco de alguna forma. Me agrada esa resignación intermitente a convivir con sus demonios... y el daño colateral, caer por la ventana no es necesariamente peor que lidiar con uno mismo.
ResponderEliminarbueno bueno!
Oscuro, burlesco de alguna forma. Me agrada esa resignación intermitente a convivir con sus demonios... y el daño colateral, caer por la ventana no es necesariamente peor que lidiar con uno mismo.
ResponderEliminarbueno bueno!
Y hoy en: "Buscando un significado profundo donde no lo hay" con Gabriel Marín...
EliminarJajaja, bien crack el cuento-regalo.
ResponderEliminarPS: Amo los comentarios de Gabriel!
Jajaja, bien crack el cuento-regalo.
ResponderEliminarPS: Amo los comentarios de Gabriel!