Nabih entró rápidamente a su departamento y tiró sus cosas por ahí. Había estado esperando esa carta por mucho tiempo, no le habían dicho cuando ni como llegaría, pero sabía que era la carta que tanto había esperado. Dentro de ese sobre encontraría una nueva vida y se había prometido a si mismo que lucharía por esta misión de vida. Estaba muy excitado, le costaba abrir el sobre. Había pasado casi dos meses esperándola.
Los dos meses de embarazo empezaban a molestar a Sofía, pero las molestias pasaron a segundo plano cuando abrió el sobre y miró lo que había adentro. Un par de dulces junto a una carta le parecieron un contenido bastante extraño, así que tomó primero la carta y comenzó a leerla, buscando alguna respuesta de su contenido. Su madre empezó a gritarle algo a lo lejos, pero ella no hizo caso, estaba concentrada en la misiva. Afuera estaba lloviendo.
Fue como un balde de agua fría, Rahajeng no esperaba algo como eso. Se sentía comprometido con la causa, pero esto estaba a otro nivel de compromiso. Tenía sentido después de todo, pero no sabía si tendría las fuerzas para hacerlo, guardó los dulces en su bolsillo y salió al jardín. Estaba cansada, el sol no daba tregua y había sido un día largo, pero después de hoy todo seria distinto. Tomó el encendedor que llevaba siempre y le prendió fuego al sobre y la carta.
Estaba prendido, con una racha de buena suerte que cualquiera envidiaría. Todo le había salido bien ese día y estaba seguro que terminaría siendo un elegido. El teléfono sonó y Carl lo sacó de su chaqueta para contestar. Era su novia y tras saludarla comenzó a hablar sobre su día y el trabajo, que hace un mes que no la veía y sobre lo mucho que la echaba de menos. “Todo saldrá bien, seré elegido” pensó mientras jugaba con los caramelos de su bolsillo. Después de una larga conversación, que podría haber sido la última, salió de su departamento.
La puerta se cerró tras ella. No quería reconocerlo pero estaba asustada, era un gran sacrificio y confiaba en que fuera una elegida, pero no quería morir, solo tenía 23 años. Las calles estaban desiertas, el calor era extenuante y era difícil que alguien saliera a caminar con ese calor. Sintió un poco de alivio al ver que no había nadie cerca, era una suerte. A veces sentía que todo era simple suerte, quizás no existía una razón detrás de todo, quizás no existía tal cosa como el destino, pero aun así iba a confiar plenamente en su sino, esa era su prueba. Un hombre apareció a la vuelta de la esquina y Xuan dejó de lado sus pensamientos para centrarse en aquel hombre.
El hombre se quedó de pie frente al paradero de buses, no sabía muy bien qué hacer, debería haberlo pensado mejor antes de actuar. Se acercó lentamente y se quedó parado al lado del hombre. No sabía que decirle, ni siquiera se atrevía a mirarlo. Saco una cajetilla de cigarrillos y sin pensarlo mucho se la ofreció al hombre. El los rechazo, era de esperar vestía muy formal y llevaba un maletín, un hombre demasiado formal para aceptar un cigarro de cualquiera. Roderick no alcanzo a dar dos pitadas cuando vio que el bus venia a lo lejos. “siempre pasa lo mismo, prendo un cigarro y el bus aparece mágicamente” dijo y tiró el cigarro al suelo, el hombre lo miró y sonrió. Era su oportunidad, Roderick sacó los dulces de su bolsillo y le ofreció uno al hombre.
La chica aceptó con gusto, al parecer nunca le habían dicho que no debía aceptar dulces de extraños. Véronique sintió un poco de pena, la niña desenvolvió el papel y se comió el dulce. Ella hizo lo mismo y se fue a sentar a una banca, quería quedarse cerca de la niña. No sabía si pasaría instantáneamente o si demoraría un tiempo, quizás había que esperar un día o más. Ya no importaba estaba hecho. El dulce tenía sabor a piña, le pareció agradable, aunque tenía la boca seca. No podía negarlo era un hermoso día, el sol brillaba intensamente, no habían nubes en el cielo y los árboles del parque se veían mas verdes que nunca. Era un lindo día para morir.
“No es un lindo día para morir” pensó Glen, pero ya había tragado el dulce, sentía un gusto raro, su boca comenzó a secarse y sentía que le faltaba el aire. Debía haber aprovechado mejor su vida, quizás lo que estaba haciendo era una completa locura. Comenzó a pensar en su familia, sus amigos, su ex. Todo había terminado para ella ahora, era una pena pero si el destino lo quería así no había nada más que hacer. De pronto, un ruido le saco de sus pensamientos, la mujer estaba en el piso con convulsiones, una mesera se acercó a la mujer y trató de ayudarla. “Llama a una ambulancia” le dijo la mesera. Glen no se movió, estaba en shock, el mundo le había dado una nueva oportunidad. Había sido elegida. Una sonrisa cruzó por su rostro y al mirar la costa nublada, le pareció un día hermoso.
Los dos meses de embarazo empezaban a molestar a Sofía, pero las molestias pasaron a segundo plano cuando abrió el sobre y miró lo que había adentro. Un par de dulces junto a una carta le parecieron un contenido bastante extraño, así que tomó primero la carta y comenzó a leerla, buscando alguna respuesta de su contenido. Su madre empezó a gritarle algo a lo lejos, pero ella no hizo caso, estaba concentrada en la misiva. Afuera estaba lloviendo.
Fue como un balde de agua fría, Rahajeng no esperaba algo como eso. Se sentía comprometido con la causa, pero esto estaba a otro nivel de compromiso. Tenía sentido después de todo, pero no sabía si tendría las fuerzas para hacerlo, guardó los dulces en su bolsillo y salió al jardín. Estaba cansada, el sol no daba tregua y había sido un día largo, pero después de hoy todo seria distinto. Tomó el encendedor que llevaba siempre y le prendió fuego al sobre y la carta.
Estaba prendido, con una racha de buena suerte que cualquiera envidiaría. Todo le había salido bien ese día y estaba seguro que terminaría siendo un elegido. El teléfono sonó y Carl lo sacó de su chaqueta para contestar. Era su novia y tras saludarla comenzó a hablar sobre su día y el trabajo, que hace un mes que no la veía y sobre lo mucho que la echaba de menos. “Todo saldrá bien, seré elegido” pensó mientras jugaba con los caramelos de su bolsillo. Después de una larga conversación, que podría haber sido la última, salió de su departamento.
La puerta se cerró tras ella. No quería reconocerlo pero estaba asustada, era un gran sacrificio y confiaba en que fuera una elegida, pero no quería morir, solo tenía 23 años. Las calles estaban desiertas, el calor era extenuante y era difícil que alguien saliera a caminar con ese calor. Sintió un poco de alivio al ver que no había nadie cerca, era una suerte. A veces sentía que todo era simple suerte, quizás no existía una razón detrás de todo, quizás no existía tal cosa como el destino, pero aun así iba a confiar plenamente en su sino, esa era su prueba. Un hombre apareció a la vuelta de la esquina y Xuan dejó de lado sus pensamientos para centrarse en aquel hombre.
El hombre se quedó de pie frente al paradero de buses, no sabía muy bien qué hacer, debería haberlo pensado mejor antes de actuar. Se acercó lentamente y se quedó parado al lado del hombre. No sabía que decirle, ni siquiera se atrevía a mirarlo. Saco una cajetilla de cigarrillos y sin pensarlo mucho se la ofreció al hombre. El los rechazo, era de esperar vestía muy formal y llevaba un maletín, un hombre demasiado formal para aceptar un cigarro de cualquiera. Roderick no alcanzo a dar dos pitadas cuando vio que el bus venia a lo lejos. “siempre pasa lo mismo, prendo un cigarro y el bus aparece mágicamente” dijo y tiró el cigarro al suelo, el hombre lo miró y sonrió. Era su oportunidad, Roderick sacó los dulces de su bolsillo y le ofreció uno al hombre.
La chica aceptó con gusto, al parecer nunca le habían dicho que no debía aceptar dulces de extraños. Véronique sintió un poco de pena, la niña desenvolvió el papel y se comió el dulce. Ella hizo lo mismo y se fue a sentar a una banca, quería quedarse cerca de la niña. No sabía si pasaría instantáneamente o si demoraría un tiempo, quizás había que esperar un día o más. Ya no importaba estaba hecho. El dulce tenía sabor a piña, le pareció agradable, aunque tenía la boca seca. No podía negarlo era un hermoso día, el sol brillaba intensamente, no habían nubes en el cielo y los árboles del parque se veían mas verdes que nunca. Era un lindo día para morir.
“No es un lindo día para morir” pensó Glen, pero ya había tragado el dulce, sentía un gusto raro, su boca comenzó a secarse y sentía que le faltaba el aire. Debía haber aprovechado mejor su vida, quizás lo que estaba haciendo era una completa locura. Comenzó a pensar en su familia, sus amigos, su ex. Todo había terminado para ella ahora, era una pena pero si el destino lo quería así no había nada más que hacer. De pronto, un ruido le saco de sus pensamientos, la mujer estaba en el piso con convulsiones, una mesera se acercó a la mujer y trató de ayudarla. “Llama a una ambulancia” le dijo la mesera. Glen no se movió, estaba en shock, el mundo le había dado una nueva oportunidad. Había sido elegida. Una sonrisa cruzó por su rostro y al mirar la costa nublada, le pareció un día hermoso.
este cuento lo tenia de antes y la idea era que fuera parte de una historia mas larga. donde en el próximo capitulo, se contara que miles de personas murieron a lo largo del mundo, envenenadas con esta toxina. y el protagonista empezaría a investigar sobre quien mando la carta y la sexta que esta formando.
ResponderEliminarpor si no se cacho son varias cartas enviadas a varias personas por todo el mundo, y esta era la ultima prueba para entrar a la secta, regalar un dulce y comerse el otro, sin saber cual de los dos esta envenenado.
EliminarHasta ahora me ha gustado mucho como lo has desarrollado junto con la idea de cambiar de foco con cada personaje, ¡genial!
ResponderEliminarTermina tu historia algún día!
ResponderEliminarPara mí hay una buena idea, una intencionalidad que puede funcionar, la historia se compone de muchos personajes, y llama la atención lo que comenta Kánkeles los cambios de focos. Es interesante, el único problema es que no se siente ilado o engranado de alguna manera, ni si quiera casual.
Mi mente buscaba darle sentido al recorrido de un personaje a otro, pero no hay tal conexión. Creo que eso falta.
Una idea podría ser que una persona le pasa dulces al otro, a ese se le cae un par y los toma otro, etc. Otra idea es conectar por lugares: en la otra esquina Rajit, al otro lado de la ciudad... etc etc.
Nota: Rajit y Nabih son nombre igualmente extraños, me pasó que pensé que era el mismo personaje jeje!
Después de leer tu explicación me hizo un poco más de sentido Floro. Originalmente pensaba que era el mismo personaje que cambiaba de nombre en cada párrafo. Eso de que a todos les pasara exactamente lo mismo me confundió.
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