Mi historia es una
historia de aprendizaje, de un duro aprendizaje, que a veces pareciera estar a
simple vista, algunos como yo, no lo descubrimos hasta que estamos en nuestros últimos
y más desesperados momentos.
Todo partió cuando
perdí mi casa en una apuesta. Si, así es, los juegos de azar y las apuestas
siempre han sido mi punto débil, pero al menos sabía reconocerlo, y mientras
más tomaba conciencia de mi enfermedad, más ganas tenía de jugar. Lo que más me
apasionada era el dinero. El ganar dinero me causaba una sensación de felicidad
indescriptible. Pero no siempre se ganaba, otras veces perdía, y no solo
dinero, sino como dije, la casa, el auto, alguna joya, etc.
Después de perder la
casa, perdí consecutivamente a mi familia, a la poca que todavía me tenía fe. La
depresión fue profunda y por ello, en un intento desesperado, pedí a quién
fuese que me escuchase, cambiar todo lo que tengo por una suerte
inconmensurable en los juegos. Si lograba ganar mucho dinero, recuperaría todo
lo demás. Sin embargo jamás creí que alguien escucharía mi deseo. Pero así fue.
En los días siguientes, gané tímidamente una buena suma de dólares. Al
principio pensé que era solo y pura suerte, pero el tiempo me hizo cambiar de
parecer y me di cuenta de que no podía perder en el juego. Después de ganar
varios dólares, fui a recuperar a mis seres queridos, pero fue inútil. Me
rechazaron tajantemente, diciéndome que yo jamás cambiaría, y otros que fueron
un poco más duros, y ni si quiera me reconocieron. Cada día que pasaba me
comencé a sentir cada vez más solo hasta el punto en que volví a pedir otro
deseo a la misma fuerza que me escuchó antes, solo que ahora le pedí que me
quitara mi suerte con el dinero y ahora poder recuperar a mi familia y amigos. Así
que fui al casino nuevamente a ver si mi suerte había cambiado, pero no. Esta
noche gané un millón de dólares, por lo que la respuesta fue obvia para mí:
Estoy condenado.
Esta es mi carta de
despedida de este mundo cruel, que yo no
supe apreciar cuando debía hacerlo. No se molesten en buscar el dinero, porque
se lo he enviado todo a mis seres queridos.
La carta terminaba con unas gotas de sangre que manchaban la
firma del pobre hombre que yacía muerto junto a ella.
El funeral se hizo en los días posteriores, y para sorpresa
de todos, la asistencia fue masiva y la ceremonia sumamente emotiva. El nombre
de Mario Manuel Cienfuegos fue recordado con cariño por todas las personas cuyo
dinero ayudó.
esta bueno!! estay escribiendo muy bien y el final me encanto, muy bonito!! y calza perfecto con la pauta de redencion tambien
ResponderEliminarMe gustó mucho, en particular lo mucho que deja abierto (qué fuerza misteriosa, por qué donó su plata). Muy vago y por lo mismo, muy bueno.
ResponderEliminarEsta excelente, el final muy inesperado, me gusta mucho
ResponderEliminar