miércoles, 9 de septiembre de 2015

La condena y su fruto

Mi historia es una historia de aprendizaje, de un duro aprendizaje, que a veces pareciera estar a simple vista, algunos como yo, no lo descubrimos hasta que estamos en nuestros últimos y más desesperados momentos.

Todo partió cuando perdí mi casa en una apuesta. Si, así es, los juegos de azar y las apuestas siempre han sido mi punto débil, pero al menos sabía reconocerlo, y mientras más tomaba conciencia de mi enfermedad, más ganas tenía de jugar. Lo que más me apasionada era el dinero. El ganar dinero me causaba una sensación de felicidad indescriptible. Pero no siempre se ganaba, otras veces perdía, y no solo dinero, sino como dije, la casa, el auto, alguna joya, etc.
Después de perder la casa, perdí consecutivamente a mi familia, a la poca que todavía me tenía fe. La depresión fue profunda y por ello, en un intento desesperado, pedí a quién fuese que me escuchase, cambiar todo lo que tengo por una suerte inconmensurable en los juegos. Si lograba ganar mucho dinero, recuperaría todo lo demás. Sin embargo jamás creí que alguien escucharía mi deseo. Pero así fue. En los días siguientes, gané tímidamente una buena suma de dólares. Al principio pensé que era solo y pura suerte, pero el tiempo me hizo cambiar de parecer y me di cuenta de que no podía perder en el juego. Después de ganar varios dólares, fui a recuperar a mis seres queridos, pero fue inútil. Me rechazaron tajantemente, diciéndome que yo jamás cambiaría, y otros que fueron un poco más duros, y ni si quiera me reconocieron. Cada día que pasaba me comencé a sentir cada vez más solo hasta el punto en que volví a pedir otro deseo a la misma fuerza que me escuchó antes, solo que ahora le pedí que me quitara mi suerte con el dinero y ahora poder recuperar a mi familia y amigos. Así que fui al casino nuevamente a ver si mi suerte había cambiado, pero no. Esta noche gané un millón de dólares, por lo que la respuesta fue obvia para mí: Estoy condenado.
Esta es mi carta de despedida de este  mundo cruel, que yo no supe apreciar cuando debía hacerlo. No se molesten en buscar el dinero, porque se lo he enviado todo a mis seres queridos.

La carta terminaba con unas gotas de sangre que manchaban la firma del pobre hombre que yacía muerto junto a ella.


El funeral se hizo en los días posteriores, y para sorpresa de todos, la asistencia fue masiva y la ceremonia sumamente emotiva. El nombre de Mario Manuel Cienfuegos fue recordado con cariño por todas las personas cuyo dinero ayudó.


3 comentarios:

  1. esta bueno!! estay escribiendo muy bien y el final me encanto, muy bonito!! y calza perfecto con la pauta de redencion tambien

    ResponderEliminar
  2. Me gustó mucho, en particular lo mucho que deja abierto (qué fuerza misteriosa, por qué donó su plata). Muy vago y por lo mismo, muy bueno.

    ResponderEliminar
  3. Esta excelente, el final muy inesperado, me gusta mucho

    ResponderEliminar