La mucama es la primera en dar la alerta. La sangre y los restos humanos la dejaron al borde de un colapso. El administrador del hotel, le pide que se tranquilice, que se quede en la bodega y que no le diga nada a nadie. Rápido y eficiente, como lo requiere su trabajo, mueve a los huéspedes que habían en el piso a una suite principal. “una cañería rota” es la escusa que da.
El tercero en saber es el dueño del casino y del hotel, el señor K., quien llama a la policía. No a la central, directo al agente Sánchez, un hombre de la casa.
-¿Que es lo que sucedió?- pregunta dormido
-Hay un hombre muerto, es algo delicado, te pido discreción.
-Bien, no se preocupe, voy para allá.
Dos horas y después de muchos exabruptos por parte del señor k., aparece Sánchez. Ajado, con anteojos y un cigarro en la boca. Lo sigue un muchacho delgado y formal. Al señor K. no le gusta esto y enojado los guía hasta la habitación, deja entrar al muchacho y toma a Sánchez por el brazo.
-¿Por qué trajiste a ese chico? Te pedí discreción.
-necesito un forense- dice Sánchez y entra a la habitación con un “hijo de puta” que mascullan a sus espaldas. Le gusta eso, saber que él tiene el control, incluso sobre los hombres poderosos.
La escena es dura para esas horas de la mañana. Tres disparos, sangre abundante y pedazos de cerebro del pobre tipo en la bañera. Será un trabajo duro. El muchacho, con los guantes puesto busca alguna pista.
-No hay maletas, ni ropa, ni llaves, solo su billetera en su bolsillo.- se la entrega a Sánchez- claramente es un robo que terminó en asesinato.
La billetera esta vacía, ni un solo peso, pero queda la licencia de conducir. Llama a la central y pide más información. “36 años, soltero, sin familia, un contador de una pequeña empresa” dice la chica de la central. “Un alma solitaria que nadie extrañara” piensa Sánchez.
Sánchez sale del cuarto con ganas de un café, pero solo está el señor K. y no le puede pedir un café al señor K., eso sería forzar mucho la ya tensa situación. En cambio saca otro cigarro y se pone a conversar.
-Es un maldito desastre, no creo que podamos ocultar algo así de los medios.
-Vamos, tienes que hacer algo. Un asesinato. Sabes cómo afectaría esto a la reputación del casino.
-Podría saltarme algunos pasos, pero no mucho más, este caso requiere una investigación profunda.
El silencio se cuela entre los dos. Sánchez, se rasca su cara sin afeitar.
-¿Había algo en las cámaras? ¿Andaba con alguien?- pregunta, incomodo por el silencio.
-No, siempre solo. Pero el tipo tuvo una buena noche. Ganó casi un millón de dólares, sin trucos.
Ya tenía el móvil, ahora faltaba saber quien había disparado. Entra en la habitación, pensativo y se sienta sobre la cama. El colchón esta duro, demasiado duro, como si hubiera algo abajo. De un salto, se levanta y da vuelta el colchón. Sus ojos brillan ante el espectáculo. “Esto lo cambia todo” piensa y con discreción cierra la puerta de la habitación. Llama al muchacho, que todavía sigue buscando pistas en el baño y le muestra los dolares.
-¡Cuánto dinero!- exclama el muchacho.
-Tendrás que cambiar el informe.- el chico lo mira extrañado.- esto es un suicidio.
-¿Suicidio? ¿Y qué hay con todas estos billetes?
-¿Qué billetes? Yo no veo ninguno.
Está cuático!!!
ResponderEliminarEstá cuático!!!
ResponderEliminarSos un brigido floro!!!!!
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