Desperté con el traquetear de las ruedas sobre el camino rocoso, me incorporé de la maleza fría y dura y vi como ninguno de los otros se enteraba del ruido, todos dormían. Con esfuerzo enfoqué los angulosos contornos del carruaje que se nos acercaba.
Entonces te vi, tu rostro tranquilo. Noté sobre el ala de tu sombrero una hoja de roble depositada, caída sin propósito y por azar desde las ramas que ensombrecían la vía. Su inocente presencia atestiguaba que tus obsesiones ya no estaban contigo; el ansia enferma por el orden y la pulcritud ya no te atormentaban.
Recorriste con la vista la orilla del camino, pasaste sobre mi rostro sorprendido y no me reconociste. Instintivamente observé mis ropas y repasé mi rostro con las manos, como buscando la causa de tu indiferencia. Hallé mugre, tierra y pena, pero yo seguia ahi. Al menos yo si podía encontrarme.
Tu carruaje pasó inmediatamente en frente. Pude notar recién entonces que ibas acompañado, una joven se inclinaba dulcemente sobre tu hombro, tal como alguna vez tuve permitido hacerlo.
En la milésima de tiempo que su rostro se volteó, se tiñó ella de angustia. Por mi dibujó una mueca en sus dulces rasgos. Tu ni siquiera te giraste.
Cuando finalmente tu carro nos sobrepasó, miré a mis amigos, esos que siempre asemejaban borrachos durmientes. En lo más profundo de mi voluntad deseé, como tu, ser incapaz de reconocerlos.
Despertó Anabelle, de seguro presionada por mi mirada.
que pasa? - me dijo amodorrada
quizá he muerto - Le contesté.
Ella sonrió con paciencia y volvió a recostarse junto a mi.
Chichi, sin duda tení un talento innato para escribir. La manera en que usai las palabras y las descripciones que haces son super buenas!
ResponderEliminarEsta buenísimo!!! Buen trabajo!!!
ResponderEliminarno le entiendo mucho, pero me gusta
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