Iba llegando puntual, estaba perfumada, maquillada, perfecto. Iba bien vestida, con ropa elegante pero estilosa. Ocupaba por supuesto los aros azules de la suerte. ¿Resultado? Se sentía bien. Estaba formal y atractiva.
Allí estaba él con clásica ropa oficinesca. "Hola, un gusto, soy Claudia". "Igualmente, Eduardo". Se saludaron como totales desconocidos, pero en realidad ambos habían averiguado del otro. De partida en Internet y además por los comentarios del contacto que los conectó.
Atraviesan velozmente el palabreo, el "small talk". Que el clima, los temblores, las celebraciones del 18. ¿Sus respuestas? Ligeras y despreocupadas, "todo excelente", "me alegro, vale".
Hasta que van al tema laboral: "Me dijo mi cuñada, pero cuéntame, dónde trabajas". Ella le cuenta, sabe que debe lanzar frases con puntería, que debe lucir todo el tiempo relajada a la vez que segura. Él es discreto, no se entusiasma demasiado con sus respuestas, pero no lo puede evitar engancha en un par de cosas. Y por eso caen ambos suavemente en las conversaciones personales: sobre la familia, los hobbies.
Hay una complicidad entre los dos, la noche avanza, ya van por el postre. Cada uno lanza sus mejores dardos, cada uno entrega algo solo para inmediatamente después retroceder. Después de todo cada uno sabe lo que vale en el mercado, ninguno se anda regalando.
¡Eureka! De forma espontánea surgió el plan de segunda cita el sábado. Ha terminado el encuentro. Él pagó la cuenta, ella lanzó toda su coquetería en la despedida.
Ya ella copuchea con su mejor amiga. Le ha gustado el chiquillo, pero el proceso de selección debe seguir. Se abriría la siguiente etapa, la danza del flirteo. En el mundo amoroso, como en el laboral, ninguna de las partes puede ser clara en sus intereses. Hay que tener paciencia y ser piola, pero lanzar la artillería, todo lo que uno sabe que funciona para ver si en una de esas se logra encontrar a la persona. Después de todo, de alguna manera todos vamos por la vida con el marco de una pintura, tratando de encontrar ese personaje perfecto, que se alinea con nuestras ilusiones y -también- con nuestras posibilidades.
No hay comentarios:
Publicar un comentario