domingo, 13 de septiembre de 2015

Asesino

“Nuestros hechiceros están siendo masacrados por un lancero frente a la muralla oeste. Encárgate.”

Siempre me molestó un poco la telepatía. Claro, tiene sus usos. En el estruendo de la batalla no es fácil dar órdenes, especialmente en una operación tan grande como esta. Pero me deja un gusto amargo en la mente, si existe tal cosa. Demasiado invasivo, y al terminar quedas con la duda de si sigue alguien ahí. Cambié mi rumbo ligeramente y aceleré el paso a buscar al lancero. Probablemente tiene una lanza lo suficientemente maldita como para penetrar las barreras de los hechiceros, y con lo especializados en magia que estos eran, dudaba de su capacidad de defenderse por mucho.

El distintivo olor a magia me indica que estoy cerca, y al superar una colina, veo que “masacrados” no era una expresión. La mitad de los hechiceros yacen muertos, cada uno con un hoyo del tamaño de una manzana en el torso, justo a la altura del corazón. La otra mitad se encuentra desesperadamente lanzando un variado arsenal de hechizos contra el lancero, al que apenas percibo como un rayo rojo en el campo de batalla. Solo alcanzo a divisarlo mejor cuando para por un instante a retirar su lanza de sus víctimas. Un par de minutos más y perderíamos a la unidad completa.

Se está moviendo demasiado rápido como para un ataque sorpresa. Decido desafiarlo.

“¡LANCERO!” grito a todo pulmón. Inmediatamente me pongo a murmurar las activaciones para las runas que recorren mi armadura. Si había derrotado media unidad de hechiceros solo, no iba a ser una pelea fácil.

Elhaz. Protección.
Urur. Fortaleza.
Hagalaz. Velocidad.

El lancero interrumpe su ataque y me mira. La sangre de los hechiceros cubre su rostro, pero sus ojos brillan de un carmesí más fuerte. Su lanza pulsa con sed de sangre del mismo color. Claramente un demonio la poseía. La intensidad de su mirada dura poco y resume su labor de matanza. Le doy una advertencia.

“¡LANCERO! ¡ENFRÉNTAME! ¡POR LAS BUENAS O LAS MALAS!” lo desafío de nuevo. Si tengo que hacerlo una tercera vez, no tendrá opción, pero prefiero guardarlo para el peor de los casos. Sigo con mis activaciones.

Ingwaz. Poder.
Ehwaz. Resistencia.
Sowilo. Victoria.

Esta última de superstición más que nada. No solía ser un tipo supersticioso, pero bueno, tampoco creía en la magia, y aquí estoy, usando el ritual escandinavo para combatir contra un guerrero con una lanza endemoniada. Me he visto forzado a reevaluar muchas cosas últimamente.

El lancero no para esta vez. Su lanza silba por el aire y atraviesa otro hechicero. Por las malas, entonces.

Invoco una runa distinta. Esta no está inscrita en mi armadura, ni en mis guantes. Esta cuelga de mi cuello, suspendida por  una fina cadena de plata que se rompe apenas termino la invocación.

Ath nGabla.”

El guerrero enemigo frena en seco, incapaz de resistirse a la compulsión de la runa de duelo. Ahora solo podemos atacar al otro, hasta que alguno de los dos haya sido derrotado. Prefiero no usarla, porque me expone mucho si llega un aliado de mi contrincante. Pero no podíamos perder más hechiceros. 

Me concentro y envío un mensaje mental a la base. Ellos se encargarán de comunicárselo a los hechiceros restantes de esta unidad.

“No lo ataquen más. Yo me encargo. Ustedes recupérense y cuando estén listos satúrenme.”

El lancero se acerca, girando su lanza, salpicando sangre por todos lados. Se para a cinco metros de distancia. Él habla primero.

“Desenfunda tu arma, asesino. Un duelo querías, un duelo te daré. Por corto que sea.” Clásica arrogancia de lancero. Se le ve irritado, molesto que interrumpí su diversión.

Levanto las manos en posición de guardia, y separo los pies para mejorar mi balance. En mi armadura y mis guantes pulsan con fuerza mis runas. El lancero levanta una ceja, con algo de sorpresa a mi elección de magia. Las runas no son muy comunes, pero sobretodo, le asombra mi falta de arma. En este mundo todos luchan con armas, pero en el mío usamos nuestras extremidades. La sorpresa le dura poco, y con una poderosa patada al suelo, salta como proyectil hacia mí, lanza apuntando a mi pecho. Pivoteo sobre mi pie derecho y esquivo su ataque, planto mi pie izquierdo en el suelo, y rápidamente levanto la rodilla derecha, clavándosela en el abdomen. Las runas me permiten hacer movimientos sobrehumanos, y la fuerza de mi rodillazo lo levanta un par de metros. Un gruñido de sorpresa se convierte en uno de enojo mientras gira su cuerpo para golpearme con el costado de su arma. Prediciendo ese ataque, esquivo su lanza y arrojo un puñetazo a su cara. La inestabilidad de su posición no le da para moverse a tiempo, y mi puño conecta con su mejilla derecha, haciendo un satisfactorio crujido al romper su pómulo. Cae al suelo pero parece rebotar y su lanza cruza en un arco diagonal por el aire, obligándome a saltar hacia atrás. Con una vuelta en el aire se incorpora, y se hace una pausa en el combate.

Se me escapa una sonrisa al ver sangre suya mezclándose con la de sus víctimas en su cara. Se enfurece al verme sonreír y con un grito animalesco, se lanza hacia mí de nuevo. Esta vez noto una diferencia en su estilo, y justo a tiempo alcanzo a decidir contra esquivar y patear su lanza hacia el lado. Tomado por sorpresa por la fuerza del bloqueo, su cara vuelve a chocar contra mi puño, esta vez rompiéndose la nariz. Alcanzo a asestar otro par de golpes antes que el silbido de la lanza me dé la advertencia de saltar hacia atrás un par de metros. No logro esquivarla completamente, y la punta atraviesa mi armadura sin problema alguno. Una delgada cortada marca mi pecho. Unos instantes menos de aviso y rebanaba mi corazón.

Si antes estaba furioso, ahora la rabia desfiguraba su cara, en adición a lo que habían hecho mis puñetazos. Subí la guardia, atento a su próximo movimiento. Mi victoria estaba cerca, y era el momento más peligroso del combate: las últimas medidas. En este mundo de magia, eran totalmente impredecibles. Se recompone un poco antes de hablar.

“Tu nombre, asesino. Quiero saber quién tendrá el honor de morir por la maldición de mi lanza.”
No le respondo, pero comienzo a formular un contraataque en mi mente. Claramente iba a liberar al demonio de su arma, pero que efecto tendría era imposible decir. Comienzo a murmurar refuerzos a mis runas de agilidad y defensa, cuando recibo otro mensaje.

“Sentirás tu pecho apretado ahora. No te resistas, te vamos a salvar la vida.” Me obligo a no mirar la fuente del mensaje, uno de los hechiceros restantes, para no delatar al lancero que ya están recuperados. Inmediatamente siento la presión en mi pecho, y dejo que la magia me envuelva, confiando en mi equipo.

El lancero decide dejar de esperar por mi nombre, y apunta su lanza al suelo diagonalmente. Una sed de sangre mil veces más fuerte que la normal emana de la lanza, saturando el aire mismo con un concepto: muerte. El demonio era de altísimo grado, eso quedaba claro. No se ve bien esto.
Mucho más rápido que antes, y prácticamente arrastrado por su arma, el lancero vuela hacia mí. Las runas reforzadas me dan para apenas esquivar la punta de lanza, con un potente salto hacia el lado. Cuando aterrizo, veo una sonrisa en la cara del lancero, e inmediatamente siento antes de ver la causa de ella.

En mi pecho, a la altura del corazón, un hoyo del tamaño de una manzana.

El lancero comienza a explicar. Algo de reversión de causa y efecto, que mi muerte era asegurada cuando decidió soltar al demonio. La magia de la runa de duelo se dispersa, habiendo elegido a un ganador. Comienzo a desvanecerme mientras mi contrincante me da la espalda, intento en continuar con su diversión. Siento la magia de los hechiceros de nuevo, esta vez menos fuerte y seguramente un desperdicio de maná. Ninguna magia iba a curar una herida tan grave de algo tan endemoniado.
Sin embargo, no muero. Extraño porque ahí sigue el hoyo. Pero siento todavía mi sangre fluir por las venas, siento todavía algo bombear en mi pecho. Me estoy desangrando todavía, pero algo me mantiene vivo, aunque no por mucho. Un mensaje me confirma lo anterior.

“Tienes dos minutos antes de desangrarte.”

Ahora si miro a los hechiceros, que enfrentan al lancero sin mirarme a mí. Veo que no hacen ningún tipo de magia para defenderse del eminente ataque. Sin embargo me comienzo a sentir saturado en energía. Están apostando todo en mí. Procuraré no desilusionar.

Reincorporándome, activo una de las magias propias de mi clase. Soy un asesino poco convencional, pero asesino después de todo. Concilio me hace prácticamente indetectable, y salgo detrás del lancero, que se encuentra saboreando la calma antes de la tormenta. Los hechiceros se ven aterrorizados, sin delatar su esperanza secreta.

Un golpe preciso en su antebrazo es mi ataque sorpresa. Nada muy dañino, pero logra activar su reflejo y hacerlo soltar la lanza. Se da vuelta, estupefacto, para ser agarrado por mi mano izquierda del cuello. Las runas y saturación hacen que levantarlo sea tarea fácil. Echo mi brazo derecho para atrás, y concentro todo mi maná restante en mi puño. Inspirado por una infancia de películas de acción, o tal vez afectado por la falta de sangre, digo:

“Mi nombre es Max, y no muero tan fácil.”

La velocidad del golpe logra romper la barrera del sonido, junto con su cara y por lo menos la mitad de su cerebro. Suelto el cuerpo inerte de mi contrincante, y miro a los hechiceros detrás. Ya están trabajando en curar mi herida, y su líder, el que mandó el mensaje, se acerca a mí.

“Tu segundo corazón no va a resistir mucho más, asesino. Te voy a poner en un coma para alentar el desangrado.”

“No será necesario, hechicero” alcanzo a decir, antes de desmayarme. 

3 comentarios:

  1. Al principio, de solo verlo, dije: Que lata leerlo.
    Pero enganché altiro. Fue un cuento entretenido y fácil de leer.

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  2. Ya te lo había mencionado y cumple 100% el objetivo de mi pauta. Luego de ver Fate me quedan imágenes más nítidas. Lo encontré notable, y lo más importante para mi, es que fue entretenido de leer. Nada que agregar, mis más sinceras Felicitaciones.
    Un manjar

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