Volví a mirarlo a los ojos en los que me perdí tantas veces, y es que no podía creer que ésta fuera la última.
- ¿Pero por qué? ¿ah? – dije con el inútil esfuerzo de que no se me quebrara la voz- ¿por qué tú y no otro?
- No soy el único que debe ir, es mi deber y lo sabes –cerraste los ojos y lo dijiste tan sereno, que de no ser por la expresión de tu rostro, hubiera jurado que no te afectaba un comino-, así que por favor no hagas esto más difícil de lo que ya es.
- ¿Pero qué quieres que haga? Me dejas para irte a morir a algún lugar sin nombre- sin querer alcé el tono, la histeria no me dejaba controlarlo – ¡Y todo por la estúpida patria!
Me di la vuelta furioso. Sabía que lo tomaría mal, en vano creí que si alguien entendería sería ella. Pero no, es igual de egoísta que los demás. No entienden el sacrificio que significa tener la patria en la que viven.
Salí por la puerta y decidí que eso había sido el final de la discusión. Ya la llamaría luego, cuando se le pasara el enojo.
Cuando cerró la puerta rompí a llorar. Lo maldije a él, a sus sueños, a su estúpida vocación y su estúpido deber. Maldije las guerras, y al hombre que las crea. Maldije la distancia y me maldije a mi misma por permitir que nos separara. Me maldije por haber desperdiciado el último momento, por no haberlo apoyado, maldije mi cobardía que no me dejó asumir mi soledad. Maldije mis ideales y mi última decisión. Si no podía rogarle que se quedara, lo obligaría a hacerlo.
Terminaba de armar mi maleta para marcharme. En una hora pasaba por mi el coche y en tres horas salía el vuelo a mi destino. Entonces sonó el teléfono:
- ¿diga?
- Alejandro, es Lucero.
Qué sorpresa me llevé cuando oí a la madre de Belén del otro lado, con la voz tan quebrada como su hija horas antes.
Para cuando terminó de darme el recado, cerré la maleta, tomé el taxi que me esperaba en la puerta, le dirigí unas palabras al chofer, y cuando llegué a mi destino, avance sin ver ni oír a nadie, conteniendo las lágrimas hasta que me lancé de rodillas a los pies del cajón.
Lo logró, hizo que perdiera el avión, y por mi egoísmo, soy yo el que esta vivo.
Barbara Torres
- ¿Pero por qué? ¿ah? – dije con el inútil esfuerzo de que no se me quebrara la voz- ¿por qué tú y no otro?
- No soy el único que debe ir, es mi deber y lo sabes –cerraste los ojos y lo dijiste tan sereno, que de no ser por la expresión de tu rostro, hubiera jurado que no te afectaba un comino-, así que por favor no hagas esto más difícil de lo que ya es.
- ¿Pero qué quieres que haga? Me dejas para irte a morir a algún lugar sin nombre- sin querer alcé el tono, la histeria no me dejaba controlarlo – ¡Y todo por la estúpida patria!
Me di la vuelta furioso. Sabía que lo tomaría mal, en vano creí que si alguien entendería sería ella. Pero no, es igual de egoísta que los demás. No entienden el sacrificio que significa tener la patria en la que viven.
Salí por la puerta y decidí que eso había sido el final de la discusión. Ya la llamaría luego, cuando se le pasara el enojo.
Cuando cerró la puerta rompí a llorar. Lo maldije a él, a sus sueños, a su estúpida vocación y su estúpido deber. Maldije las guerras, y al hombre que las crea. Maldije la distancia y me maldije a mi misma por permitir que nos separara. Me maldije por haber desperdiciado el último momento, por no haberlo apoyado, maldije mi cobardía que no me dejó asumir mi soledad. Maldije mis ideales y mi última decisión. Si no podía rogarle que se quedara, lo obligaría a hacerlo.
Terminaba de armar mi maleta para marcharme. En una hora pasaba por mi el coche y en tres horas salía el vuelo a mi destino. Entonces sonó el teléfono:
- ¿diga?
- Alejandro, es Lucero.
Qué sorpresa me llevé cuando oí a la madre de Belén del otro lado, con la voz tan quebrada como su hija horas antes.
Para cuando terminó de darme el recado, cerré la maleta, tomé el taxi que me esperaba en la puerta, le dirigí unas palabras al chofer, y cuando llegué a mi destino, avance sin ver ni oír a nadie, conteniendo las lágrimas hasta que me lancé de rodillas a los pies del cajón.
Lo logró, hizo que perdiera el avión, y por mi egoísmo, soy yo el que esta vivo.
Barbara Torres
PLOOT TWIIIIIST!!!
ResponderEliminarque bueno el cuento!! la cago el final!! y esta buena la idea de los cambios de narrador.
ResponderEliminarEstá buenísima la historia!
ResponderEliminarEn mi opinión los cambios de narrador son una excelente idea y están bien armados pero me parece que suceden mucho (3 veces en un espacio cortito). En general es mucho, pero en particular se siente exagerado por esto: porque a pesar de los giros no se entrega información muy distinta cuando piensa uno u otro. Sugiero hacer más customized cada cambio! Con eso quedará perfect!