viernes, 8 de mayo de 2015

El cubo

                                                                

La sombra de él se desdibujaba a medida que avanzaba por el campo, no encontraba nada mejor que sentir el pasto húmedo bajo sus pies,  el calor del sol sobre su nariz y el olor a aire limpio de una tarde veraniega.
¡¡¡ABRAZOOO!!!- grita de repente su hermana en su oreja haciéndolo sentir un poco desconcertado.  La toma en sus brazos, la acomoda sobre sus hombros y empiezan a correr por entre las viñas a toda velocidad. Se sienten libres, relajados y  sin preocupaciones. 
A medida de que corrían podían ver cada ver más lejos su casa, una cabaña pintada a mano por él y su padre, un hombre fornido y de aspecto hosco, muy distinto de su hijo, un muchacho de aproximadamente 21 años, de facciones finas y una mirada inteligente. Su nombre: Eduardo.
Su hermana alega para que la baje y él acepta sin pensarlo dos veces. Se habían dado cuenta de que habían traspasado los límites de la finca y él era ahora era responsable de su hermana. 
¿Dónde estamos?- pregunta ella.
No lo sé. Iré a ver que hay más allá, tú quédate aquí- contestó su hermano.
El joven empezó a explorar el terreno desconocido, vio que más adelante había una edificación en forma de círculo que parecía un aro de concreto y ladrillos. 
Además notó que estaba inhabitado hasta que de una pequeña puerta de madera salió un cubo arrastrándose con dos ojos grandes y brillantes y le empezó a hablar. Le contó que en su vida pasada había sido un camaleón pero que ahora se encontraba bien y que había decidido ser un cubo multifacético. 
El muchacho se sorprendió de lo ocurrido y fue corriendo donde su hermana, la que se había quedado ahí jugando con una pistola que había descubierto entre la maleza. 
Eduardo le presentó a su nuevo amigo.
A primera vista la ella se mostró reacia a lo nuevo, pero a medida de que fueron conversando, le empezó a caer bien.
Eran ya las 8 cuando vieron que empezaba a oscurecer y decidieron devolverse a la cabaña.
¿Los acompaño?- preguntó el cubo. Eduardo aceptó encantado. Le pareció una buena idea.  Entonces, de manera repentina, ella sacó la pistola, le disparó al cubo y se lo comió.
Nunca antes había visto a su hermana actuar así, quedando completamente anonadado. 
¿¡¿Qué hiciste?!?- Le preguntó. ¿No ves que es alguien que vale la pena?
No digas tonterías, no era más que una simple ilusión. Yo soy una ilusión- contestó.



No recordaba que el sonido de las máquinas que le medían el ritmo cardíaco sonaran tan fuertes. Abrió los ojos y vio a su padre sentado en una silla junto a él. 
¿Eduardo?
¿Si?- responde.
Por fin había despertado del coma en el que se había sumido durante tres años debido a un accidente que había tenido en bicicleta. 


                                                                                FIN

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