jueves, 21 de abril de 2016

El manto blanco

La tormenta nos pilló de pronto. Decían que caería más de un metro de nieve y nosotros por ahorrar forraje habíamos dejado los corderos pastando arriba. El Pedro seguía enfermo, así que yo era él que debía traerlos pal corral.

Me subí al caballo cuando ya comenzaba a nevar.

Debería haber llamado a la Juana y preguntarle por la niña, pero uno es bruto pa esas cosas.

Avancé siguiendo la orilla del estero, pasando mi peso de un estribo al otro y pegándome al caballo pa sentir su calor. El viento me pegó fuerte, cortaba y apenas te dejaba ver, así que me metí por el valle pa acortar camino, pero avanzábamos cada vez más lento.

Nunca vi la piedra, el caballo bufó, saltó hacia atrás y cayó sobre mi pierna. Grité de dolor y salí como pude de abajo.  La puntada era fuerte así que la cubrí de nieve. Le silbé al caballo pa que se levantara y nos volviéramos, pero apenas apoyó una de las patas volvió a caer.

Estábamos cagados.

Y yo pensé en la niña, en la Juana y la niña.

Me arrastré hacia él y lo abracé por el cuello, mientras le hablaba pa calmarlo. La nieve comenzó a cubrirnos, el frío era insoportable y la pierna era lo peor. Los días todavía eran cortos y la noche cayó de pronto sobre nosotros.

Y la nieve nos estaba sepultando cuando recordé una historia de las guerras napoleónicas.

Si tan solo tuviera un cuchillo.

1 comentario:

  1. me gustó la idea pero hay algo que me sonó raro, no me creo que un campesino bruto se acuerde de una "historia de las guerras napoleónicas", suena muy culto, como mucho diría que se acuerda de una historia que escucho en el colegio... Sentí que staba leyendo perfecto a un campesino típico y de pronto a un intelectual. Esop

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