Una mañana después de visitarla, se fue sin ponerle llave a la puerta. Alicia estaba algo dormida, sintió que algo había faltado pero no notó lo que era hasta mucho después.
Descalza y en silencio probó la manilla. Para su sorpresa, esta bajó suavemente. Al otro lado estaban las escaleras y al final de estas otra puerta. Se vistió rápido y subió conteniendo la respiración. Giró el pomo y sus ojos se llenaron de lágrimas. No podía creer su suerte. Demasiado fácil ¿Cierto? Tan fácil como adormecer a una chica con cloroformo y encerrarla en un sótano.
Él debía estar en el trabajo, pero ella no se preocupó en verificarlo. Salió de la casa y corrió. Corrió sin saber a dónde iba, ni donde estaba. Todas las casas le parecían iguales y correr fue su momento de catarsis, sentir el frio del viento, la luz del sol, el olor del césped a cada paso.
No supo cuánto tiempo más siguió corriendo, ni donde tomó el taxi, ni cuando dio la dirección, pero llegó a su casa. El lugar más seguro de todo el mundo. estaba igual igual que como la recordaba en sus sueños.
Sin decir nada al taxista bajo del auto, corrió y golpeo con fuerza la que antes había sido su puerta.
Su hermana abrió, susurró una frase con Dios y abrazó a Alicia fuertemente, como diciendo que nunca más la perdería. Virginia le pagó al taxista y luego llevó a Alicia hasta la cocina, tomándola del brazo. Ahí le dio un beso en la frente y la abrazó una vez más.
Alicia lloró por un largo rato, decía frases imposibles de entender y luego volvía a llorar. Mientras Virginia ponía agua en la tetera el teléfono sonó una vez y después de ver quien era lo corto.
Sirvió te para las dos y con una serenidad que tranquilizó a Alicia le aseguró que todo iba a estar bien. Luego sacó una botella de vodka y Alicia contó todo lo que pudo, evitando siempre las peores partes. Virginia le tomaba la mano con fuerza y cada cierto tiempo decía “que horror” o “todo va a estar bien”.
Cuando ya no pudieron hablar más Virginia le dijo que se tomara un baño, que le haría bien y que ella llamaría a la policía.
El agua caliente fue lo mejor. Y con ropa limpia, con el perfume de su casa, se sintió mas relajada aunque algo cansada.
Al salir del baño su hermana estaba ahí, hablando por el celular y cuando la vio salir, corto de inmediato.
-La policía vendrá en la tarde-dijo con una sonrisa- deberías dormir un poco, te vez cansada.
La llevó a su pieza y le dio unas pastillas para dormir, la cubrió hasta las orejas con una manta y le dio un beso en la frente. Alicia sintió el aroma de Virginia en la cama y otro perfume que le recordaba a él. Debía ser ella, ella era la olía como él. ¿Cuántas duchas faltarían para sacar ese olor repugnante de su cabeza?
-Prométeme que nunca más nos separaremos-murmuro Alicia.
-Te veré todos los días.- respondió Virginia - Cocinaré algo rico para cuando despiertes.
Virginia esperó hasta que su hermana estuvo dormida y llamó por teléfono a su marido para saber donde estaba. Él ya venía en camino. Escuchar eso la tranquilizó.
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