lunes, 27 de julio de 2015

Un respiro

Poco después de medianoche, cuando el calor de septiembre da un respiro, me desperté con sed, con ganas de un buen vaso de agua. Lentamente me di vuelta y traté de recordar si había soñado algo. Ya hacia mucho que no tenia sueños. Me costaba dormir tan profundo. A los 30 años, mis días y mis noches estaban ocupados completamente por mi trabajo, la hipoteca y el crédito del auto. El tiempo se me iba en la vorágine del labor rutinario y en mi cabeza, las obligaciones no me daban cabida a paseos nocturnos por mundo oníricos. Debía tener los pies bien puestos en la tierra.

El piso helado me despertó un poco y con la luz apagada me moví en silencio, ya que Ana tenia el sueño ligero. De memoria, salí de mi pieza y recorrí el pasillo con la mano en la pared. Me detuve ante el cuarto de mi hijo y vi su silueta acurrucada en medio de la cuna. Dormía como Ana, sin problemas ni preocupaciones.

Nadie los tiene a los dos años.

Cerré la puerta de la cocina y prendí la luz, para encontrarme de frente con mi difunta madre. se encontraba esperando el primer hervor de la tetera para tomarse un agua de cascara de granada. Por los cólicos, debía ser. Llevaba la bata de dormir rosada, como la recordaba siempre.

-¿Que haces aquí?-me pregunto extrañada.

-Tengo sed

Me tomó en brazos y me sentó en mi banca. Yo comencé a balancear mis piernecitas en el aire, mientras jugaba mentalmente con los imanes del refrigerador.

-No deberías estar despierto a esta hora.

La tetera comenzó a hervir y ella me dejó un vaso de agua y un plato con un pedazo de queque, espolvoreado en azúcar flor. Era amarillo, por los huevos de campo.

-Gracias- le dije con una sonrisa, y una sensación de tranquilidad me agarró por la espalda.

-¿No quieres un vaso de leche tibia? Para dormir mejor.

Yo negué con la cabeza, mi boca estaba repleta de queque, el mejor que comería en mi vida.

Ella se tomó su agua, sentada frente a mi, mirándome con ternura. Cuando terminé, me puso en el suelo y llevó la loza al lavaplatos.

-Que duermas bien- me dijo con una sonrisa.

Al amparo de la oscuridad, regresé a mi cama y en silencio, me acosté junto a Ana.

-El Santi?-pregunto ella en un susurro.

-Está durmiendo. Feliz de la vida- y aunque no le gustaba, la abrasé por la cintura.

4 comentarios:

  1. aqui esta mi tarea. me basé en el agua eso si.

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  2. Me gustó, me dió nostalgia y me trajo recuerdos... Pero me gustó mucho (de lo q entendí) que el sentimiento casi cobrara vida para el personaje principal. Felicitaciones!

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  3. Me encanta la naturalidad que tienen los personajes, es una gran representación de domesticidad sin caer en clichés.

    Critica Comida: Una taza de café expreso. Doméstico y fiel (aunque no me guste el sabor).

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  4. sin comentarios, lo encontré demasiado bueno

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