"Y así los mentirosos se adentraron en la ficción, acercándose letra a letra a la vida!"
jueves, 11 de junio de 2015
Un último atardecer
Dormía. Al menos eso pensé, pero cuando uno duerme, se siente a gusto, feliz. No era eso lo que sentía, sino náuseas y dolor. Estaba inconsciente. No recuerdo que fue lo que ocurrió ni como había llegado allí. Cuando desperté, sentía los rayos de sol caer levemente sobre mi, entibiando mi cuerpo. Lentamente abrí los ojos, aún sin moverme. Estaba rodeado de un follaje, verde, alto y delgado, que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Estaba seguro de haberlo visto en otro lugar. Miré hacia el cielo, y me di cuenta que estaba aún más lejos que antes. Cuando intente levantarme, me di cuenta que una de mis extremidades no respondía. Di vuelta mi cabeza a ver qué le ocurría. Al verla, intenté moverla nuevamente. Estaba completamente despedazada. Al costado izquierdo de mi abdomen, tenía una herida profunda. Volví mi cabeza, y traté de recordar qué había ocurrido. Lo único que pude recordar fue haber salido de mi casa, despedirme de mamá y luego... Nada, todo en blanco hasta que recobré la conciencia aquí. Intenté arrastrarme para buscar refugio antes de que anocheciera. Era medio día, tenía al menos 7 horas antes de que comenzara a oscurecer. De pronto, sentí que la tierra se estremecía, pero se detuvo inmediatamente; no tembló más de 2 segundos. Ocurrió nuevamente, pero esta vez, el epicentro se sentía más cerca. En ese momento recordé: temblores en intervalos, los cuales se acercan cada vez más significaban una sola cosa: Colosos. Las criaturas más misteriosas y aterradoras que había visto. Tenían extrañas pieles sobre ellos, cubriendo la mayoría de su cuerpo, ya que tenían la carne en el exterior. Cubiertos de vellos en lo que parecía ser su cabeza. Cuatro extremidades, de las cuales dos estaban cubiertas de una piel más dura que el resto y las otras dos tenían en sus extremos 5 tentáculos; nunca había visto algo o alguien escapar de ellos, una vez que eran atrapados. No sabia cuanto median ni cuanto pesaban, pero eran casi tan altos como los arboles y cada vez que caminaban el suelo se estremecía, tal y como estaba ocurriendo ahora. Horrorizado, volví desesperadamente a mi búsqueda de un refugio, mi vida se terminaría en el momento en que el Coloso me viera. De pronto, vi a lo lejos que el follaje terminaba abruptamente y comenzaba una extensa planicie, totalmente árida. Al otro lado de este valle, había un bosque, el lugar perfecto para ocultarme. Junté todas mis fuerzas y continué arrastrándome hacia el valle. Los temblores eran cada vez más fuertes y continuos. Por más que me arrastraba, no lograba acortar la distancia; el bosque seguía en el horizonte. Ya comenzaba a atardecer; me quedaba poco tiempo. De pronto, una sombra me cubrió y los temblores cesaron. Levanté mi cabeza y miré al cielo. Quedé totalmente paralizado mientras miraba al Coloso que se erguía sobre mi. Inclinó su cabeza. Dos esferas grandes incrustadas en lo que parecía ser su cara, con dos círculos, uno dentro del otro. El del centro era negro, como lo que hay más allá del cielo. Podía ver las profundidades del abismo en ellos. Rodeando ese negro infinito, había un color cafe oscuro, y fuera de éste continuaba el resto de las esferas, totalmente blancas, hasta perderse en el interior de la cabeza del Coloso. Supuse que esos eran sus ojos. Abajo de ellos, tenía una protuberancia que sobresalía del resto de su cabeza. En la parte inferior, tenía dos orificios, que parecían ser una entrada al interior de su cabeza. Bajo esta protuberancia, su carne, se volvía más rojiza en un sector de su cara. Su rostro era sinónimo de muerte. Ya había visto mi hogar destruido por ellos en dos ocasiones, mis hermanos y hermanas, casi todos perecieron luchando... Pero al Coloso pareció no importarle todas las vidas que había arrebatado. También había escuchado historias sobre Colosos que secuestraban aldeas enteras, y las esclavizaban para que hicieran alimento para ellos. Ahora estaba frente a uno de ellos. Me miraba fijamente. Estaba aterrado. ¿Qué ocurriría ahora? ¿Acaso me torturaría? O quizás me eliminaría rápido y sin dolor. El Coloso se inclinó y se acercó para mirarme de cerca. Cerré los ojos esperando el final o que quizás, con un poco de suerte, creyera que estaba muerto y se alejara... pero nada ocurrió. Sentí una ligera brisa y un leve temblor. Me quedé quieto y en silencio. Al cabo de unos minutos, pensé que quizás se había alejado. Abrí muy despacio mis ojos. Frente a mi, estaba una de las extremidades con tentáculos del Coloso, reposando en el follaje, a no más de 5 metros. No valía la pena hacerme el muerto, ya había notado que no lo estaba. Pero, ¿porque extendía su extremidad a mi lado? ¿Acaso me creía tan estúpido como para que me subiera y me condenara a mi mismo? Había perdido mucha sangre. Comenzaba a sentir como poco a poco me desvanecía. No me quedaba mucho tiempo. Quise mirar al cielo aunque fuera una vez más, sin embargo, al levantar la vista, me encontré mirando directamente a los ojos del Coloso. En ese momento, mi corazón se detuvo. Pude ver al fondo del abismo que reflejaban sus ojos. Allí había algo que jamás había visto. Una pequeña llama de fuego blanco, como si estuviera hecha de luz. Mi corazón volvió a latir, pero esta vez no estaba agitado por miedo, sino tranquilo. Al ver ese pequeño y hermoso fulgor blanco en los ojos del Coloso, me di cuenta de que no tenía intenciones de hacerme daño. Usé lo que me quedaba de fuerza y me acerqué a su extremidad. Escalé el borde y me recosté en el centro. La extremidad comenzó a elevarse y vi como los tentáculos se recogían sobre mí. Sabía que el Coloso no era hostil. Al ver esa llama blanca en la profundidad de sus ojos, supe que quería ayudarme. Cuando los tentáculos se recogieron, no me aplastaron, de hecho dejaron el espacio preciso para mí. Su carne era blanda y un poco áspera, pero muy cálida. Comenzó a moverse y caminó en dirección desconocida. Mi herida continuaba sangrando y me sentía un poco mareado. No tuve tiempo de cerrar los ojos antes de que el Coloso dejara de moverse y comenzara a abrir nuevamente sus tentáculos. La luz del atardecer me cegó por un momento. Me recosté y vi su extremidad pegada a uno de los árboles del bosque que había visto en la lejanía. Di vuelta mi cabeza; el valle y el follaje habían quedado atrás. Miré nuevamente al Coloso. Me miraba fijamente. Al ver nuevamente en dirección al bosque, me di cuenta de que estaba justo al lado de un árbol con una hermosa flor. Apenas podía moverme, pero juntando lo que me quedaba de fuerza, logré aferrarme a una de las ramas. Cuando estuve sobre la rama y justo al lado de la flor, el Coloso retiró su extremidad, sin despegar su mirada de mi. Intenté gritar gracias, pero ya no me quedaban fuerzas. Simplemente le devolví la mirada y sonreí. Luego de unos momentos, el Coloso, inclinó su cabeza y la levantó nuevamente, dio media vuelta y se marchó. El dolor había desaparecido. Sentía los últimos rayos de sol caer sobre mi, entibiando mi cuerpo. Pensé que quizás no todos los Colosos eran malignos, crueles o tiranos. Al menos el que me topé hoy, era todo lo contrario. Miré al cielo; atardecía. Me aferré a la flor y tomé un último sorbo de néctar. Para ser una abeja, este final no estaba tan mal. Ese fue mi último atardecer.
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esta muy bueno!! Me gusto mucho el final!! totalmente inesperado, siempre pense que era como attack on titan.
ResponderEliminarMe encanta, es muy lindo. Todo parece muy cruento y aunque al final en realidad no deja de serlo, se vuelve muy dulce, como el néctar de la flor. Realmente muy lindo.
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