Sobre su cama, el chico abrocha sus zapatillas, la camisa de colegio esta tirada sobre el piso. La batería entra en juego, y vamos tras el chico que sale de la casa sin avisar a la nana. ¿Su mamá? De viaje por dos semanas más. ¿Su papá? Sólo lo ve una vez al mes.
Jack White comienza a cantar y Benjamín corre por el medio de la calle en sincronía con el golpe del tom. Está oscureciendo y piensa que sus amigos ya deberían estar en la plaza. Él tiene miedo, pero evita pensar en eso. Todo por Clara, o eso quiere creer, es mejor decir que lo hace por proteger a su mina que por la presión social, y aceptar esto sería una cobardía.
Ocultos bajo la sombra de un árbol, un grupo de quinceañeros fuma mientras lo ven llegar. No hay nada que decir, todos saben las reglas, sin patadas ni golpes sucios, y la pelea termina con el primero que cae a piso. El círculo se arma, con Benjamín y Pablo en el centro.
El coro de guitarra entra con todo y Pablo recibe un golpe en la cara. Los nudillos de Benjamín se quejan, pero no hay tiempo para eso y embiste una vez más. Esta vez Pablo lo recibe con uno firme en la boca del estomago, el aire se le escapa, y otro le hace un corte en el labio. El gusto a sangre y los gritos a su alrededor lo hacen sentirse más vivo que nunca. La música está en él, es lo que lo mueve. La guitarra se calla por un segundo y empieza el riff una vez más.
Los dos se alejan, se estudian, Pablo se ríe y le tira unos garabatos. La furia lo inunda pero Benjamín no va a caer en esa, toma aire. Necesita reponerse, aunque no siente dolor.
El sonido de la batería lo oculta todo. ”Es por Clara” se dice, sabiendo que pelea más por orgullo que por ella.
Los otros se aburren y Pablo dice que Clara es una maraca. El solo de guitarra lo acalla todo.
Le tira una derecha al rostro y con el antebrazo izquierdo le pega en el cuello, Pablo le mete uno desde abajo que le hace morderse la lengua. La furia lo enceguece y los combos de Benjamín hacen retroceder al otro. Golpes en el estomago, las costillas, los brazos, la cara, y Pablo termina por caer. Pero la música sigue y Benjamín se tira encima perdido en un mar rojo y oscuro.
Todos a la cara, sin ritmo, con fuerza desmedida. No puede detenerse, por fin está votando todo lo que ha reprimido. Hasta que alguien lo agarra por atrás y lo pone de cara al suelo, frente a una masa sanguinolenta que solía ser Pablo. El miedo no ha desaparecido, se ha transformado en algo peor. El círculo se desarma y la última nota termina perdiéndose en el aire.