lunes, 27 de julio de 2015

Un respiro

Poco después de medianoche, cuando el calor de septiembre da un respiro, me desperté con sed, con ganas de un buen vaso de agua. Lentamente me di vuelta y traté de recordar si había soñado algo. Ya hacia mucho que no tenia sueños. Me costaba dormir tan profundo. A los 30 años, mis días y mis noches estaban ocupados completamente por mi trabajo, la hipoteca y el crédito del auto. El tiempo se me iba en la vorágine del labor rutinario y en mi cabeza, las obligaciones no me daban cabida a paseos nocturnos por mundo oníricos. Debía tener los pies bien puestos en la tierra.

El piso helado me despertó un poco y con la luz apagada me moví en silencio, ya que Ana tenia el sueño ligero. De memoria, salí de mi pieza y recorrí el pasillo con la mano en la pared. Me detuve ante el cuarto de mi hijo y vi su silueta acurrucada en medio de la cuna. Dormía como Ana, sin problemas ni preocupaciones.

Nadie los tiene a los dos años.

Cerré la puerta de la cocina y prendí la luz, para encontrarme de frente con mi difunta madre. se encontraba esperando el primer hervor de la tetera para tomarse un agua de cascara de granada. Por los cólicos, debía ser. Llevaba la bata de dormir rosada, como la recordaba siempre.

-¿Que haces aquí?-me pregunto extrañada.

-Tengo sed

Me tomó en brazos y me sentó en mi banca. Yo comencé a balancear mis piernecitas en el aire, mientras jugaba mentalmente con los imanes del refrigerador.

-No deberías estar despierto a esta hora.

La tetera comenzó a hervir y ella me dejó un vaso de agua y un plato con un pedazo de queque, espolvoreado en azúcar flor. Era amarillo, por los huevos de campo.

-Gracias- le dije con una sonrisa, y una sensación de tranquilidad me agarró por la espalda.

-¿No quieres un vaso de leche tibia? Para dormir mejor.

Yo negué con la cabeza, mi boca estaba repleta de queque, el mejor que comería en mi vida.

Ella se tomó su agua, sentada frente a mi, mirándome con ternura. Cuando terminé, me puso en el suelo y llevó la loza al lavaplatos.

-Que duermas bien- me dijo con una sonrisa.

Al amparo de la oscuridad, regresé a mi cama y en silencio, me acosté junto a Ana.

-El Santi?-pregunto ella en un susurro.

-Está durmiendo. Feliz de la vida- y aunque no le gustaba, la abrasé por la cintura.

sábado, 18 de julio de 2015

El Afilador


- !Maldición, es la cuarta este mes! -gritó Matt, al mismo tiempo que golpeaba su escritorio.
- Cálmate. En lugar de perder tiempo maltratando tu escritorio, vámonos rápido a la escena del crimen. -dijo Jason mientras se ponía su chaqueta. Tomó su arma, las llaves del auto y su agenda. Terminó de cerrar su chaqueta y se dirigió a la puerta.- ¿Vienes?
- ... -el detective estaba en completo silencio.
- ¿Matt? -preguntó otra vez.
- Voy -dijo tranquilamente mientras tomaba sus implementos.

 No tardaron más de treinta minutos en arribar: una fábrica de pesticidas abandonada ubicada en las afueras de la ciudad. Casi todo el departamento de Investigación ya había llegado y profanaban con sus instrumentos y procedimientos la escena del crimen. En el centro del cuarto de máquinas, yacía el cuerpo de una mujer completamente desollado, con una incisión en su abdomen y dos en el tórax.

- ¿Es él, no? -preguntó Jason mientras sacaba un pañuelo de su bolsillo y se tapaba la boca y la nariz para capear el desagradable  olor.
- Así parece, si los forenses determinan que los tres cortes son de un cuchillo carnicero poco convencional, es definitivo -contestó Matt, mientras se inclinaba sobre el cadáver para analizarlo mejor-. Aunque creo que eso no será necesario -susurró mientras fijaba su mirada en los cortes de la víctima-.

 Las incisiones eran de siete centímetros de largo, y el tejido muscular estaba separado casi perfectamente. La que estaba ubicada en su abdomen, se extendía a escasos milímetros por debajo del riñón derecho. Las otras dos pasaban justo por entre medio de las primeras tres costillas, uno sobre el otro, pero sin llegar a los pulmones y relativamente lejos del corazón.

- Está practicando... -pensó mientras se pasaba la mano por la barbilla-.
- ¡La encontré! -gritó Jason desde un rincón de la habitación-.

 Matt se levantó, y se dirigió a su asistente. Al mismo tiempo, hizo una seña al personal de forenses para que retiraran el cuerpo para su posterior autopsia e identificación.

- Bien hecho "Jay", por eso te elegí. -dijo Matt mientras golpeaba su hombro afectuosamente.
- Sólo porque fui el mejor en mi clase optativa de "Descifrando Enigmas". Y no me digas "Jay" -contestó en tono bromista, mientras quitaba la mano de Matt de su hombro y le enseñaba el mensaje-.

 El mensaje estaba escrito con pluma, en una hoja de papel doblada y manchada con sangre, arrancada de una agenda común y corriente. Decía: "Cada vez más cerca Detective Loafe, pero no lo suficiente. Dígame, ¿extraña a su esposa y a su hijo?"

- ¡Maldito bastardo hijo de perra! -gritó Matt mientras pateaba una de las maquinas que agregaban el veneno a los pesticidas. Sacó rápidamente su celular y comenzó a marcar.
- Está tratando de provocarte Matt, no te dejes influenciar -le dijo Jason para intentar calmarlo-. No hagas algo de lo que después puedas arrepentirte.
- ¡Ese desgraciado sabe de mi familia Jason! -gritó desesperado mientras esperaba el tono en su celular.

 El celular marcó por un largo rato, pero no hubo contestación. Matt comenzaba a desesperarse. Llamó nuevamente.

- ¿Liz? -dijo sofocado.
- ¿Qué quieres ahora Matt? -contestó su ex esposa del otro lado.
- Y-yo no... Es q-que... -tartamudeó aliviado el detective.- Este... ¿Cómo estas, eh? -preguntó finalmente.
- Matt, no puedo creer que hagas esto. Ya es bastante difícil tener que mantener y educar a un hijo sin ayuda para que además su supuesto padre llame con falsa preocupación luego de 6 meses -dijo fríamente Lizzie.
- ¿Como está él? ¿Puedo hablarle? -preguntó ansioso.
- Le preguntaré si quiere hablar contigo -contestó sin darle mayor importancia.
- ¿Papá? -dijo la voz de un joven.
- ¿Daril? -preguntó emocionado-. Hijo, ¿cómo has estado?
- Muy bien, hace tiempo que no sabía de ti. ¿Estás en un caso nuevo? ¿Has resuelto alguno? -preguntó curioso.
- Así es, en estos últimos meses ya he atrapado a tres. En este momento estoy investigando a uno nuevo. ¿Y a ti como te ha ido? -preguntó esbozando una sonrisa.
- ¡¿Tres?! En tan solo seis meses... Eres increíble. Me ha ido estupendo, de hecho, entro a la Universidad el próximo mes. -contestó orgulloso.
- Me alegro mucho Daril, espero poder verte pronto -dijo emocionado Matt.- Tengo que irme hijo, cuídate mucho.
- Tu también Papá, gracias por llamar -se despidió Daril.

 Matt colgó su celular, se secó los ojos y se encaminó al auto junto a Jason. Habían pasado seis meses desde que se había separado de su mujer y no la había visto ni a ella ni a su hijo desde entonces. Lizzie no soportó el exceso de importancia que Matt daba a su carrera como detective profesional y terminó la relación. Era el mejor detective que la ciudad había tenido, a los 43 años ya había resuelto 30 casos en los cuales no hubo más víctimas que la inicial con la cual el asesino se hacía ver. Sin embargo, en el caso actual, tres víctimas además de la primera han sido confirmadas. La primera fue una compañera de Colegio, la segunda era una ex novia y la tercera una de sus compañeras de clases en la Universidad. Todos los cuerpos coincidían en que eran mujeres, estaban desollados de pies a cabeza, tenían cortes en su cuerpo que apuntaban a un punto vital y las víctimas conocían al Detective. La cuarta víctima no sería identificada hasta dentro de unas horas, luego de la autopsia y el análisis de dentadura.

 De vuelta en su oficina, comenzaron a atar cabos, comenzando por los mensajes en las cinco notas, todas encontradas por Jason en la misma escena del crimen, que el asesino les había dejado:

1- "Dígame Matt Loafe, ¿qué es ser un Detective? Atte. El Afilador"
2- "¿Cómo se siente el haber fallado en salvar la vida de una persona, Detective Loafe?"
3- "Los medios ya reconocen la existencia de El Afilador. ¿Qué hay de usted?"
4- "Estoy muy cerca Detective Loafe, ya es tiempo de que cruce."
5- "Cada vez más cerca Detective Loafe, pero no lo suficiente. Dígame, ¿extraña a su esposa y a su hijo?"

- Definitivamente "El Afilador" lo conoce, jefe. La pregunta es qué quiere de usted -comentó Jason mientras estudiaba las locaciones de los asesinatos en los mapas de la ciudad.
- Lo sé, "Jay" -dijo mientras se frotaba los ojos y tomaba un sorbo de café-. Es sólo que no me explico quién puede estar hacien-.
- ¡Matt, ven a ver esto! - interrumpió Jason-. ¡Rápido!
- Ya voy, ya voy -dijo al levantarse de la silla-. ¿De qué se trata?
- Las locaciones... ¡Ahora son cinco! -dijo entusiasmado Jason.
- ¿Y a mí qué con eso? -preguntó sarcástico.
- Si las une todas, obtiene un pentágono, ¿no es así? -explicó Jason.
- Eres un genio "Jay" -dijo aún más sarcástico.
- Lo sé, pero ese no es el punto aquí. ¿Recuerda la cuarta nota? Bueno, pues quizás se refiere a "cruzar" estas líneas, y no unirlas por los bordes. Si las cruzamos -comentaba emocionado Jason- obtenemos una estrella de cinco puntas. Y en el centro de la estrella está-
- Mi casa... -interrumpió horrorizado el detective mientras dejaba caer su tazón de café-. ¿Cómo diablos se te ocurrió esa asociación "Jay"?
- Creo que no entiendo su pregunta jefe -dijo incrédulo.
- ¡¿Qué como diablos asociaste las notas con las locaciones?! ¡¿Y cómo encuentras siempre tú las notas del asesino?! ¡¿Y cómo-

 El teléfono de la oficina interrumpió al detective. Matt y Jason se miraban fijamente y ninguno se movía de su sitio. El teléfono seguía sonando.

- Oye Matt, no se que estas pensando pero-
- ¡Cállate! Y no te muevas -advirtió mientras sacaba su pistola y le apuntaba a su compañero.
- Matt, por favor tranquilízate, no hagas algo de lo que puedas arrepentirte, yo no soy "El Afilador", te lo juro. Te admiro por tu trabajo y disfruto trabajando contigo -dijo desesperado.
- Contesta el teléfono "Jay" -ordenó.
- De acuerdo -accedió mientras tomaba el teléfono-. Habla Jason... Sí... Sí... De acuerdo, gracias. -colgó.
- ¿Quién era? -preguntó impaciente.
- Forenses; identificaron el cuerpo. -contestó agachando la cabeza.- Era Jill... -dijo llevándose las manos a la cara.
- ¿Qué? ¿Tu esposa? Pero... ¿Cómo es posible? -divagaba Matt mientras bajaba su arma.

 Jason se tiró al piso y comenzó a llorar en silencio. Matt se acercó a él y lo abrazó. Luego de unos minutos, lo ayudó a levantarse y lo llevó a la enfermería. Lo recostó en una camilla y lo dejó al cuidado de una enfermera. Volvió a su oficina, y revisó los planos. Definitivamente la estrella indicaba su casa. Intentó llamar a Lizzie, pero no contestó. Tomó sus cosas, se equipó con un chaleco antibalas y partió rumbo a su casa.

 Al llegar, estaban todas las luces apagadas. La puerta de entrada estaba asegurada desde adentro. Sacó su arma y su linterna, y entró por la fuerza pateando la cerradura hasta que cedió. Lentamente caminó por el pasillo de entrada. Se asomó a la sala de estar; nada. Se dirigió a la cocina y se percató de un cajón ligeramente entreabierto. Lo abrió: faltaban dos cuchillos carniceros. Respiró hondo y continuó. Fue a su dormitorio; nada. La pieza de su hijo; nada. Sólo quedaba el sótano. Lentamente abrió la puerta del sótano, y bajó las escaleras. Se percató de que había una luz encendida. Silenciosamente se asomó por el marco de la entrada a la habitación del sótano. En ese momento, sus pupilas se contrajeron, sus ojos se llenaron de lágrimas y su corazón se detuvo por unos instantes, al ver el cuerpo de su esposa en una piscina de sangre y el de su hijo sobre ella. Dejó caer su arma, su linterna y cayó sobre sus rodillas.

- No, no, no, no, no, no.... -murmuraba mientras trataba de encontrar alguna explicación para lo que estaba ocurriendo-. ¡¿QUÉ TE HICE, MALDITO?! -gritó desesperado-. Pero... Esto no está bien... -pensó Matt-. Los cuerpos... Aún tienen piel... ¡Eso significa que el bastardo sigue aquí!

 Se levantó rápidamente con su arma y su linterna. Rodeó los cuerpos de sus seres queridos, y comenzó a buscar algo que pudiera indicar que "El Afilador" seguía en la casa. Finalmente lo encontró: en una mesa de trabajo había un espejo viejo, una bolsa de basura, una agenda y un cuchillo carnicero manchado de sangre. Se acercó y tomó la agenda. Horrorizado vio como toda su información personal y la de las víctimas estaba cuidadosamente resumida en todas las páginas... Hasta que llegó a la última. Era la nota que dejaría el asesino esa noche: "Sabe usted, Detective, ¿qué es un Anagrama? El Afilador".

 Al finalizar de leer el mensaje, levantó la mirada y vio a través del espejo una figura umbría que se acercaba amenazante. Al darse vuelta, sólo sintió el cuchillo hundirse en su pecho, pasando directamente por su corazón, de lado a lado.

- Estuviste muy cerca, Papá.

jueves, 16 de julio de 2015

El sueño



El sueño

Otro borrón más, otro sorbo de café y volver a interpretar la obra que estaba componiendo. Así habían estado siendo las noches  Julio Pastene, un joven músico compositor, que se encontraba ensimismado en la búsqueda de una melodía perfecta. Está obsesión había comenzado una mañana cualquiera tras haber soñado con la pieza perfecta. Si bien había logrado recordar gran parte de la melodía, había ciertas notas que no calzaban con esa sensación fantástica que le había producido su sueño. Así comenzó una búsqueda incesante por recomponer aquella canción que se le había revelado en su inconsciente. Escribió, reescribió, probó distintas combinaciones de notas y acordes, y poco a poco fue logrando materializar su sueño. Sin embargo, ya en los últimos días  se había estancado en encontrar la última nota, nota que por lo demás debía marcar el climax de su obra, la que debía de desatar la euforia de la canción, aquella nota que debía crear esa sensación de cosquilleo en la piel y que por lo demás debía ser la nota que le daría la magnanimidad correspondiente y merecedora.
Julio Pastene desapareció al cabo de unos días. Unos vecinos, preocupados y curiosos por saber del paradero de Julio, dieron aviso a carabineros de que Julio estaba desaparecido. Así entraron en su casa, la cual estaba hecha un desastre por dentro, y comenzaron a revisar por alguna pista que les pudiese ayudar a encontrarlo. Encontraron así, sobre el piano, las partituras en las que había estado trabajando Julio, titulada “Apology Somniis” (Apología a los sueños).
El caso de Julio Pastene comenzó a volverse famoso, y aun más cuando un músico pidió las partituras para interpretar la obra. El impacto de la obra fue tal, que la obra se volvió todo un éxito en los teatros. El público quedaba estupefactado cada vez que se repetía la obra, sin importar el público que fuese, siempre se lograba el mismo efecto emocionante en el espectador.

Crecía la leyenda de Julio Pastene, el compositor que se desvaneció en la composición de su obra. Eran muchos los rumores de su paradero, pasando por teorías de secuestros hasta abducciones alienígenas, rumores que fueron acallados cuando Julio Pastene volvió a su casa. Su aspecto era espantoso y peor aún era su olor. Pelo largo y roñoso, una barba sin cuidar, ropa que parecían harapos, la piel sucia y por lo demás lucía un aspecto un tanto enfermizo. Cuando se supo de su existencia, su casa rápidamente fue invadida por las multitudes; prensa, policías, amigos y muchos curiosos. Así pasaron unos días hasta que finalmente se dio a conocer una entrevista que se le hizo. La respuesta más sorprendente fue sin duda la que hacía referencia a que opinaba de su gran éxito, a lo que respondió: Esa obra es solo una sombra, una farsa, una ilusión de otra ilusión. Hay una nota entremedio de la canción que no existe, que solo existió dentro de mi sueño, así como muchas otras notas que suenan forzadas por querer materializar lo visto en mi sueño.

domingo, 5 de julio de 2015

Corazones Solitarios - Rubem Fonseca

Trabajaba yo en un diario popular, como reportero de la sección Policiales. Hacía mucho tiempo que no sucedía en la ciudad un crimen interesante, involucrando a una rica y linda joven de la sociedad, muertes, desapariciones, corrupción, mentiras, sexo, ambición, dinero, violencia, escándalo.
- Crímenes así, ni en Roma, París o Nueva Cork -decía el editor del diario-, estamos en una mala época. Pero ya vendrán. La cosa es cíclica; cuando menos se lo espera, estalla una de aquellos escándalos que dan material para un año. Está todo podrido, a punto. Sólo hay que saber esperar.
Antes del estallido me despidieron.
- Sólo hay pequeños comerciantes que matan al socio, pequeños bandidos que matan a pequeños comerciantes, policías que matan a pequeños bandidos. Cosas pequeñas -le dije a Oswaldo Peçanha, editor-jefe y propietario del diario Mujer...
- Hay también meningitis, esquistosomosis, mal de Chagas -dijo Peçanha...
- Pero fuera de mi área -le dije.
- ¿Ya leíste Mujer? -preguntó Peçanha.
Admití que no. Me gusta más leer libros.
Peçanha sacó una caja de habanos de dentro del cajón y me ofreció uno. Encendimos los habanos. En poco tiempo, el ambiente se volvió irrespirable. Los habanos eran ordinarios, estábamos en verano, con las ventanas cerradas y el aparato de aire acondicionado que no funcionaba bien.
- Mujer no es una de esas publicaciones acarameladas para burguesas que hacen régimen. Está hecha para la mujer de clase C, que come arroz con porotos, y a la que no le importa engordar. Dale un vistazo.
Peçanha me tiró un ejemplar del diario, Formato tabloide, titulares en azul, algunas fotos fuera de foco, fotonovelas, horóscopo, entrevistas con artistas de televisión, corte y confección.
-¿Serías capaz de hacer la sección De Mujer a Mujer, nuestro consultorio sentimental? El tipo que la hacía se fue. De Mujer a Mujer era firmada por una tal Elisa Gabriela. Querida Elísa Gabriela, mi marido llega todas las noches borracho y...
- Creo que puedo - dije.
- Bárbaro. Comienzas hoy. ¿Qué nombre quieres usar?
Pensé un poco.
- Nathanael Lessa.
- ¿Nathanael Lessa? - dijo Peçanha, sorprendido y chocado, como si hubiese dicho una mala palabra u ofendido a su madre.
- ¿Qué tiene? Es un nombre como cualquier otro. Y estoy rindiendo dos homenajes.
Peçanha pitó el habano, irritado.
- Primero, no es un nombre como cualquier otro. Segundo, no es nombre de Clase C. Aquí sólo usamos nombres del agrado de la Clase C, nombres lindos. Tercero, el diario sólo homenajea a quien yo quiero y no conozco a ningún Nathanael Lessa y, finalmente la irritación de Peganha había ido aumentando gradualmente, como si estuviese sacando un cierto provecho de ella- aquí nadie, ni yo mismo, usa seudónimo masculino. ¡Mi nombre es María de Lourdes! Miré otra vez el diario, incluso el equipo editorial. Sólo había nombres de mujer.
- ¿No crees que un nombre masculino da más credibilidad a las respuestas? Padre, marido, médico, sacerdote, patrón, sólo hay hombres diciendo lo que ellas deben hacer, Nathanael Lessa pega más que Elisa Gabriela.
- Es eso mismo lo que no quiero. Aquí ellas se sienten dueñas de su nariz, confían en uno, como si fuésemos todas comadres. Estoy hace veinticinco años en este negocio. No me vengas con teorías no comprobadas. Mujer está revolucionando la prensa brasileña, es un diario diferente que no da noticias viejas que pasaron ayer por la televisión.
Estaba tan irritado que no le pregunté qué se proponía Mujer. Más tarde o más temprano me lo diría. Yo sólo quería el empleo.
Mi primo, Machado Figueiredo, que también tiene veinticinco años de experiencia, en el Banco del Brasil, acostumbra decir que está siempre abierto a teorías no comprobadas. Yo sabía que Mujer debía dinero al banco. Y encima de la mesa de Peçanha había una carta de recomendación de mi primo. Al oír el nombre de mi primo, Peçanha palideció. Dio un mordisco en el habano para controlarse, después cerró la boca, pareciendo que iba a silbar, y sus labios gordos temblaron como si tuviese un grano de pimienta en la lengua. Enseguida apretó los dientes y golpeó con la uña del pulgar en la dentadura sucia de nicotina, mientras me miraba de una manera que debía considerar cargada de significados.
- Podría agregar “dr.” a mi nombre. Dr. Nathanael Lessa.
-¡Cuernos!, está bien, está bien - masculló Peçanha entre dientes -, comienzas hoy.
Fue así como pasé a formar parte del equipo de Mujer.
Mi mesa quedaba cerca de la mesa de Sandra Marina, que firmaba la sección Horóscopo. Sandra era también conocida como Marlene Katia, al hacer entrevistas. Era un muchacho pálido, de largos y ralos bigotes, también conocido como João Albergaria Duval. Había egresado hacía poco tiempo de la escuela de comunicaciones y vivía lamentándose, ¿por qué no estudié odontología, por qué?
Le pregunté si alguien traía las cartas de los lectores a mi mesa. Me dijo que hablase con Jacqueline, en expedición. Jacqueline era un negro grande de dientes muy blancos.
Queda mal ser el único aquí dentro que no tiene nombre de mujer. Van a pensar que soy marica. ¿Las cartas? No hay ninguna carta. ¿Crees que la mujer de Clase C escribe cartas? Elisa las inventaba todas.
Estimado Dr. Nathanael Lessa: Conseguí una beca de estudios para mi hija de diez años, en una escuela superfina del barrio norte. Todas sus compañeritas van a la peluquería, por lo menos una vez por semana. Nosotros no tenemos dinero para eso, mi marido es chofer de ómnibus de la línea Jacaré-Cajú, pero dice que va a trabajar extra para mandar a Tania Sandra, nuestra hijita, al peluquero. ¿Usted no cree que los hijos merecen todos los sacrificios? Madre Diligente. Villa Kennedy.
Respuesta: Lave la cabeza de su hijita con jabón de coco y rícele el pelo con pedacitos de papel. Queda como de peluquería. De cualquier manera, su hija no nació para ser una muñequita. A decir verdad, la hija de nadie. Agarre el dinero de las extras y compre alguna cosa más útil: comida, por ejemplo.
Estimado Dr. Nathanael Lessa: Soy bajita, gordita y tímida. Siempre que voy a la feria, al almacén, a la frutería, se burlan de mí. Me engañan en el peso, en el vuelto, el poroto está podrido, la harina de maíz mohosa, cosas así. Yo solía sufrir mucho pero ahora estoy resignada. Dios está con los ojos puestos en ellos y en el Juicio Final las van a pagar. Doméstica Resignada. Peçanha.
Respuesta: Dios no está con los ojos puestos en nadie. Tú misma eres quien tiene que defenderse. Sugiero que grites, hagas oír tu voz, haz escándalo. ¿No tienes ningún pariente en la policía? 0 si no un bandido amigo, también sirve. Búscale la vuelta, gordita.
Estimado Dr. Nathanael Lessa: Tengo veinticinco años, soy dactilógrafa y virgen. Encontré a este muchacho que dice que me ama mucho. Trabaja en el Ministerio de Transportes y dice que quiere casarse conmigo, pero que primero quiere probar. ¿Qué piensa? Virgen Loca, Parada de Lucas. Respuesta: Fíjate bien, Virgen Loca, pregúntale qué es lo que va a hacer si no le gusta la experiencia. Si dice que te deja, entrégate, pues es un hombre sincero. No eres grosella ni sopa de verdura para que tengas que ser probada, pero, hombres sinceros quedan pocos, vale la pena intentar. Fe y mantente firme.
Fui a almorzar.
Al regreso Peçanha me mandó a llamar. Estaba con mis trabajos en la mano.
- Hay algo aquí que no me gusta - dijo.
- ¿Qué? - pregunté.
- ¡Ah, Dios mío, la idea que la gente se hace de la Clase C! - exclamó Peçanha, balanceando la cabeza pensativamente, mientras miraba el techo y fruncía la boca -. Quienes gustan ser tratadas con malas palabras y puntapiés son las mujeres de la Clase A. Recuerda a aquel lord inglés que dijo que su éxito con las mujeres se debía a que él trataba a las señoras como putas y a las putas como señoras.
- Está bien. Entonces, ¿cómo debo tratar a nuestras lectoras?
- No me vengas con dialéctica. No quiero que las trates como putas. Olvida al lord inglés. Pon alegría, esperanza, tranquilidad y seguridad en las cartas, eso es lo que quiero.
Dr. Nathanael Lessa: Mi marido murió y me dejó una pensión muy pequeña, pero lo que me preocupa es estar sola, a los cincuenta y cinco años de edad. Pobre, fea, vieja y viviendo lejos, tengo miedo de lo que me espera. Solitaria de Santa Cruz.
Respuesta: Grabe esto en su corazón, Solitaria de Santa Cruz: ni el dinero, ni la belleza, ni la juventud, ni un barrio fino dan la felicidad. ¿Cuántos jóvenes ricos y bellos se matan o se pierden en los horrores del vicio? La felicidad está dentro de nosotros, en nuestros corazones. Si somos justos y buenos, encontraremos la felicidad. Sea buena, sea justa, ame al prójimo como así misma, sonríale al tesorero del Instituto Nacional de Previsión Social, cuando vaya a cobrar su pensión.
Al día siguiente, Peçanha me llamó y me preguntó si podía, además, escribir la fotonovela.
- Nosotros producimos nuestras propias fotonovelas, no es fumeti italiano traducido. Elige un nombre.
Elegí Clarice Simone, eran otros dos homenajes, pero no dije nada de eso a Peçanha.
El fotógrafo de las novelas vino a hablar conmigo.
- Mi nombre es Mónica Tutsi – dijo -, pero puedes llamarme Agnaldo. ¿Estás con la papa lista?
Papa era la novela. Le expliqué que Peçanha acababa de comunicarme eso y que necesitaba por lo menos dos días para escribir.
- ¿Días? Ja, ja - se rió, haciendo un ruido de perro grande, ronco y domesticado, que le ladra al dueño.
- ¿Dónde está la gracia? - pregunté.
Norma Virginia escribía la novela en quince minutos. Él tenía una fórmula.
- Yo también tengo una fórmula. Date una vuelta, regresa en quince minutos y tendrás tu novela lista.
¿Qué es lo que pensaba de mí ese fotógrafo idiota? El hecho de haber sido reportero de policiales no significaba que yo fuese una bestia. Si Norma Virginia o cualquiera fuese su nombre, escribía una novela en quince minutos, yo también lo haría.
Había leído todos los trágicos griegos, los ibsens, los o neills, los beckets, los chéjovs, los shakespeares, las four hundred best television plays. No tenía más que tomar una idea aquí, otra allí, y listo.
Un niño rico es robado por los gitanos y lo dan por muerto. El chico crece pensando que es un gitano verdadero. Un día encuentra a una muchacha riquísima y los dos se enamoran. Ella vive en una fastuosa mansión y tiene muchos automóviles. El gitanillo vive en una carreta. Las dos familias no quieren que se casen, Surgen conflictos. Los millonarios mandan a la policía a apresar a los gitanos. Uno de los gitanos es baleado por la policía. Un primo rico de la muchacha es asesinado por los gitanos. Pero el amor de los dos jóvenes enamorados es mayor que todas esas vicisitudes. Resuelven huir, romper con sus familias. En la fuga encuentran a un monje piadoso y sabio que consagra la unión de los dos en un antiguo, pintoresco y romántico convento en medio de un bosque florido. Los dos jóvenes se retiran para la cámara nupcial. Son lindos esbeltos, rubios de ojos azules. Se sacan la ropa - ¡Oh! - dice la chica -, ¿qué es esa cadena de oro con medalla salpicada de brillantes que tienes en el pecho? - ¡Ella tiene una medalla igual! ¡Son hermanos! - ¡Tú eres mi hermano desaparecido! –grita la joven. Los dos se abrazan. (Atención Mónica Tutsi: ¿qué tal un final ambiguo haciendo aparecer en la cara de los dos un éxtasis no fraternal? ¿Eh? Puedo también modificar el final y volverlo más sofocleano: los dos sólo descubren que son hermanos después del hecho consumado; desesperada, la joven salta por la ventana del convento, estrellándose allá abajo.)
- Me gustó tu historia - dijo Mónica Tutsi.
- Una pizca de Romeo y Julieta, una cucharadita de Edipo Rey - dije modestamente.
- Pero no sirve para fotografiar, muchacho. Tengo que hacer todo en dos horas. ¿Dónde voy a conseguir la mansión rica?, ¿los automóviles?, ¿el convento pintoresco?, ¿el bosque florido?
- ¿Dónde voy a conseguir - continuó Mónica Tutsi como si no me hubiese oído - los dos jóvenes rubios esbeltos de ojos azules? Nuestros artistas son todos medio mulatos. ¿Dónde voy a conseguir la carreta? Haz otra, muchacho. Vuelvo en quince minutos. ¿Y qué es eso de sofocleano?
Roberto y Betty están comprometidos y van a casarse. Roberto, que es muy trabajador, economizó dinero para comprar un departamento y amueblarlo, con televisión en colores, combinado, heladera, lavarropas, enceradora, licuadora, batidora, máquina de lavar platos, tostadora, plancha automática y secador de cabellos. Betty también trabaja. Ambos son castos. La fecha de casamiento ha sido fijada. Un amigo de Roberto, Tiago, le pregunta: ¿Vas a casarte virgen? Precisas iniciarte en los misterios del sexo. Tiago lleva entonces a Roberto a la casa de la Superputa Betatrón. (Atención Mónica Tutsi, el nombre tiene una pizca de ficción científica.) Cuando Roberto llega verifica que la Superputa es Betty, su noviecita. ¡Oh!, ¡cielos!, sorpresa terrible. Alguien dirá, tal vez el portero: ¡Crecer es sufrir! Fin de la novela.
- Una palabra vale por mil fotografías - dijo Mónica Tutsi -, a mí me toca siempre la peor parte. Ya vuelvo.
Dr. Nathanael: Me gusta cocinar. Me gusta mucho también bordar y hacer crochet. Pero por sobre todo me gusta colocarme un vestido largo de baile, pintar mis labios con rouge carmesí, ponerme bastante colorete, pasarme rímel en los ojos. Ah, ¡qué sensación! Es una pena que tenga que quedarme encerrado en mi cuarto. Nadie sabe que me gusta hacer esas cosas. ¿Estoy equivocado? Pedro Redgrave. Tijuca. Respuesta: ¿Equivocado, por qué? ¿Estás haciendo mal a alguien con eso? Tuve ya otro consultante al que le gustaba vestirse de mujer. Llevaba una vida normal, productiva y útil a la sociedad, tanto que llegó a ser obrero modelo. Viste tus vestidos largos, pinta tu boca escarlata, pon color en tu vida.
- Todas las cartas deben ser de mujeres -advirtió Peçanha.
- Pero ésa es verdadera - dije.
- No lo creo.
Le entregué la carta a Peçanha. La miró poniendo cara de tira que examina un billete groseramente falsificado.
- ¿Crees que sea una broma? - preguntó Peçanha.
- Puede ser – dije -, y puede no ser.
Peçanha puso cara de reflexión. Después añadió:
- Agrega en tu carta una frase animadora, como por ejemplo, escribe siempre. Me senté a la máquina.
Escribe siempre, Pedro, sé qué ese no es tu nombre, pero no importa, escribe siempre, cuenta conmigo. Nathanael Lessa.
- Diablos - dijo Mónica Tutsi -, fui a hacer tu dramón y me dijeron que está calcado en un film italiano.
- Canallas, sucios babosos, sólo porque fui reportero de policiales me llaman plagiario.
- Calma, Virginia.
- ¿Virginia? Mi nombre es Clarice Simone – dije -. ¿Qué cosa más idiota es esa de pensar que sólo las novias de los italianos son putas? Pues mira, ya tuve oportunidad de conocer una novia de esas bien serias, era hasta hermana de caridad, y fueron a ver: resultó que también era puta.
- Está bien muchacho, voy a fotografiar la historia. ¿La Betatrón puede ser mulata? ¿Qué es Betatrón?
- Tiene que ser pelirroja, pecosa. Betatrón es un aparato para la producción de electrones, dotado de gran potencial energético y alta velocidad, activado por la sección de un campo magnético que varía rápidamente - dije.
- ¡Diablos! Ese es un nombre de puta - dijo Mónica Tutsi con admiración, retirándose.
Comprensivo Nathanael Lessa: He usado gloriosamente mis vestidos largos. Y mi boca ha estado roja como la sangre de un tigre y el despertar de la aurora. Estoy pensando en usar un vestido de satén e ir al Teatro Municipal. ¿Qué piensas? Ahora voy a hacerte una maravillosa y gran confidencia, pero quiero que mantengas el mayor secreto sobre mi confesión. ¿Lo juras? No sé si decirlo o no. Toda mi vida he sufrido las mayores desilusiones por creer en los otros. Soy, básicamente, una persona que no perdió su inocencia. La perfidia, la estupidez, el impudor, las canalladas, me chocan mucho. Oh, cómo me gustaría vivir aislada en un mundo utópico hecho de amor y bondad. Mi sensible Nathanael, déjame pensar. Dame tiempo. En la próxima carta te contaré más, todo, tal vez. Pedro Redgrave.
Respuesta: Pedro. Aguardo tu carta con tus secretos, que prometo guardar en las arcas inviolables de mi recóndita conciencia. Continúa así, enfrentando altanero la envidia y la insidiosa alevosía de los pobres de espíritu.
Adorna tu cuerpo sediento de sensualidad, ejerciendo los desafíos de tu corajuda mente.
Peçanha preguntó:
- ¿Estas cartas también son verdaderas?
- Las de Pedro Redgrave lo son.
- Extraño, muy extraño - dijo Peçanha golpeando con las uñas en los dientes -, ¿qué es lo que crees?
- No creo nada - dije.
Él parecía estar preocupado por algo. Me hizo preguntas sobre la fotonovela sin interesarse, no obstante, por las respuestas.
- ¿Qué tal la carta de la cieguita? - pregunté.
Peçanha agarró la carta de la cieguita y mi respuesta y leyó en voz alta: Querido Nathanael: No puedo leer lo que tú escribes. Mi abuelita adorada me lee todo. Pero no pienses que soy analfabeta. Soy cieguita. Mi querida abuelita está escribiendo la carta por mí, pero las palabras son mías. Quiero enviar una palabra de consuelo a tus lectores, para que ellos, que sufren tanto con pequeñas desgracias, se miren en mi espejo. Soy ciega pero feliz, estoy en paz, con Dios y con mis semejantes. Felicidades para todos. Viva el Brasil y su Pueblo. Cieguita Feliz. Camino del Unicornio. Nueva Iguazú. Posdata: Olvidé decir que también soy paralítica.
Peçanha encendió un habano.
- Conmovedor, pero Camino del Unicornio suena a falso. Quedaría mejor que colocaras Camino del Catavento, o algo así. Veamos ahora tu respuesta. Cieguita Feliz, felicitaciones por tu fuerza moral, por tu fe inquebrantable en la felicidad, en el bien, en el pueblo y en el Brasil. Las almas de aquellos que se desesperan en la adversidad deberían nutrirse de tu edificante ejemplo, un haz de luz en las noches de tormenta.
Peçanha me devolvió los papeles.
- Tu futuro está en la literatura. Esto es de gran escuela. Aprende, aprende, dedícate, no te desanimes, suda tu camisa.
Me senté a la máquina:
Tesio, bancario, vive en la Boca do Mato, en Lins de Vasconcelos; casado en segundas nupcias con Frederica; tiene un hijo, Hipólito, del primer matrimonio, Frederica se enamora de Hipólito. Tesio descubre el amor pecaminoso de los dos. Frederica se ahorca en el árbol de la quinta de la casa. Hipólito pide perdón a su padre, huye de su casa y vaga desesperado por las calles de la ciudad cruel hasta ser atropellado y muerto en la Avenida Brasil.
- ¿Cuál es el condimento aquí? - preguntó Mónica Tutsi.
- Eurípides, pecado y muerte. Voy a contarte una cosa: conozco el alma humana y no preciso a ningún griego viejo para inspirarme. Para un hombre de mi inteligencia y sensibilidad basta con mirar a su alrededor. Mírame bien a los ojos. ¿Has visto ya alguna persona más alerta, más despierta?
Mónica Tutsi me miró bien a los ojos y dijo:
- Creo que estás loco. Continué:
- Cito los clásicos apenas para mostrar mi conocimiento. Como fui reportero de policiales, si no hago eso los cretinos no me respetan. Leí millares de libros. ¿Cuántos libros crees que leyó Peçanha?
- Ninguno, ¿Frederica puede ser negra?
- Buena idea. Pero Tesio e Hipólito tienen que ser blancos.
Nathanael: Amo, un amor prohibido, un amor interdicto, un amor secreto, un amor escondido. Amo a otro hombre. Y él también me ama. Pero no podemos andar por la calle tomados de las manos, como los otros, besarnos en los jardines y en los cines, como los otros, acostarnos abrazados en las arenas de las playas, como los otros, bailar en boites, como los otros. No podemos casarnos, como los otros, y juntos enfrentar la vejez, la enfermedad y la muerte, como los otros. No tengo fuerzas para resistir y luchar, Es mejor morir. Adiós. Esta es mi última carta. Haz rezar una misa en mi memoria. Pedro Redgrave.
Respuesta: ¡Vamos, Pedro! ¿Vas a renunciar ahora que encontraste el amor?
Oscar Wilde sufrió como el diablo, fue desmoralizado, ridiculizado, humillado, procesado, condenado, pero aguantó. Si no puedes casarte, júntate. Hagan testamento, uno en favor del otro. -Defiéndanse. Usen la Ley y el Sistema en vuestro beneficio. Sean, como los otros, egoístas, disimulados, implacables, intolerantes e hipócritas. Exploten. Despojen. Es en legítima defensa. Pero, por favor, no hagas ningún gesto alocado.
Hice llegar a Peçanha la carta y la respuesta. Las cartas sólo eran publicadas con su visto.
Mónica Tutsi apareció con una muchacha.
- Esta es Mónica - dijo Mónica Tutsi.
- Qué coincidencia - dije.
- Coincidencia, ¿qué cosa? - preguntó Mónica, señalando al fotógrafo.
- Que tengan el mismo nombre - dije.
- ¿El se llama Mónica? - preguntó Mónica, señalando al fotógrafo.
- Mónica Tutsi. ¿También eres Tutsi?
- No. Mónica Amelia.
Mónica Amelia se quedó mordiéndose una uña y mirando a Mónica Tutsi.
- Me dijiste que tu nombre era Agnaldo - dijo.
- Afuera soy Agnaldo. Aquí dentro soy Mónica Tutsi.
- Mi nombre es Clarice Simone - dije.
Mónica Amelia nos observó atentamente, sin entender nada. Veía a dos personas circunspectas, demasiado cansadas para bromas, desinteresadas por el propio nombre.
- Cuando me case, mi hijo o mi hija se va a llamar Hei Psiu - dije.
- ¿Es un nombre chino? - preguntó Mónica.
- O Fiu Fiu - silbé.
- Te estás volviendo nihilista - dijo Mónica Tutsi, retirándose con la otra Mónica.
Nathanael: ¿Sabes lo que es que dos personas se gusten? Eso éramos nosotros dos, yo y María. ¿Sabes lo que son dos personas perfectamente sincronizadas? Esas éramos nosotros dos, yo y María. Mi plato preferido es arroz, poroto, coliflor, harina de mandioca y longaniza frita. ¿Imagina cuál era el de María? Arroz, poroto, coliflor, harina de mandioca y longaniza frita. Mi piedra preciosa preferida es el rubí. La de María, lo debes imaginar, era también el rubí. Número de la suerte 7, color el azul, día lunes, filme de far-west, libro El Principito, bebida chop, colchón el Anatom, Club el “Vasco de Gama”, música la samba, pasatiempo el Amor, todo igual entre yo y ella, una maravilla. Lo que nosotros hacíamos en la cama, muchacho, no es por ufanarme, pero si hubiésemos estado en un circo y cobrado entrada, nos volvíamos ricos. En la cama ninguna pareja fue presa de tamaña locura, resplandeciente, capaz de desempeño tan hábil, imaginativa, original, obstinada, esplendorosa y gratificante como la nuestra. Y lo repetíamos varias veces por día. Pero no era sólo eso lo que nos unía. Si te faltara una pierna, continuaría amándote, me decía ella. Si fueras jorobada, no dejaría de amarte, respondía yo. Si fueses sordomudo, continuaría amándote, decía ella. Si fueras bizca no dejaría de amarte, respondía yo. Si fueses barrigón y feo, continuaría amándote, decía ella. Si estuvieses toda marcada de viruela, no dejaría de amarte, respondía yo. Si fueses viejo e impotente, continuaría amándote, decía ella. Y estábamos intercambiando esos juramentos cuando una voluntad de ser verdadero me golpeó hondo como una puñalada y le pregunté: ¿si no tuviese dientes, me amarías? y ella respondió, si no tuvieses dientes continuaría amándote. Entonces me saqué la dentadura y la puse encima de la cama, en un gesto grave, religioso y metafísico. Nos quedamos los dos mirando la dentadura, encima de la sábana, hasta que María se levantó, se colocó el vestido y dijo: voy a comprar cigarrillos. Hasta hoy no volvió. Nathanael, explícame lo que sucedió. ¿El amor acaba de repente? Algunos dientes, míseros pedacitos de marfil, ¿valen tanto? Odontos Silva.
Cuando iba a responder, apareció Jacqueline y dijo que Peçanha me estaba llamando.
En la sala de Peçanha había un hombre de anteojos y barba.
- Este aquí es el Dr. Pontecorvo, que se dedica a... ¿a qué se dedica usted? - preguntó Peçanha.
- Investigación motivacional - dijo Pontecorvo -. Como le iba contando, nosotros hacemos seguimiento de las características del universo que estamos investigando. Por ejemplo, ¿quién es el lector de Mujer? Vamos a suponer que es la mujer de Clase C. En nuestras pesquisas anteriores ya investigamos todo sobre la mujer de Clase C, dónde compra sus alimentos, cuántas bombachitas tiene, a qué hora hace el amor, a qué hora ve televisión, los programas de televisión que prefiere, en fin, un perfil completo.
- ¿Cuántas bombachitas tiene? - preguntó Peçanha.
- Tres - respondió Pontecorvo sin vacilar.
- ¿A qué hora hacer el amor?
-A las 21.30 - respondió Pontecorvo rápidamente.
- Y, ¿cómo hacen ustedes para descubrir todo eso? ¿Llaman a la puerta de Doña Aurora, entran en los monobloques del Instituto Nacional de Previsión Social; ella abre la puerta y ustedes dicen, buenos días Doña Aurora, a qué hora se pega su encarnada? Oiga, amigo, estoy hace veinticinco años en este negocio y no preciso que nadie venga a decirme cuál es el perfil de la mujer de Clase C. Lo sé por experiencia propia. Ellas compran mi diario, ¿entiende? Tres bombachitas... ¡Ja!
- Usamos métodos científicos de investigación. Tenemos sociólogos, psicólogos, antropólogos, estadígrafos, y matemáticos en nuestro staff - dijo Pontecorvo, imperturbable.
- Todo para sacarles dinero a los ingenuos - dijo Peçanha con mal disimulado desprecio.
- Además, antes de venir para acá, reuní algunas informaciones sobre su diario, que supongo serán de su interés - dijo Pontecorvo.
- ¿Cuánto cuesta? - preguntó Peçanha con sarcasmo.
- Esta información se la doy gratis - dijo Pontecorvo. El hombre parecía de hielo -. Nosotros hicimos una mini pesquisa sobre sus lectores y, a pesar del tamaño reducido del muestreo, puedo asegurarle, sin lugar a duda, que la gran mayoría, la casi totalidad de sus lectores, está compuesta por hombres de la Clase B.
-¿Qué? - gritó Peçanha.
- Eso mismo, hombres de la Clase B.
Primero, Peçanha palideció. Después fue enrojeciendo hasta quedar morado como si lo estuviesen estrangulando, la boca abierta y los ojos desencajados; se levantó de su silla, caminó tambaleante, los brazos abiertos como un gorila enfurecido en dirección a Pontecorvo. Una visión chocante, aun para un hombre de acero, como Pontecorvo, o para un ex reportero de policiales. Pontecorvo retrocedió ante el avance de Peçanha hasta que, de espaldas en la pared, dijo, intentando mantener la calma y la compostura:
- Tal vez nuestros técnicos se hayan equivocado.
Peçanha, que estaba a un centímetro de Pontecorvo, tuvo un violento temblor y, al contrario de lo que yo esperaba, no se tiró sobre el otro como un perro enloquecido. Agarró sus propios cabellos con fuerza y comenzó a arrancarlos, mientras gritaba farsantes, tunantes, ladrones, aprovechado-res, mentirosos, canallas. Pontecorvo se escabulló ágilmente en dirección a la puerta, en tanto Peçanha corría detrás de él tirándole los mechones de cabellos que había arrancado de su propia cabeza.
- ¡Hombres! ¡Hombres! ¡Clase B! - gruñía Peçanha con aires de loco.
Después, ya serenado, creo que Pontecorvo huyó por las escaleras, Peçanha volvió a sentarse detrás de su escritorio y me dijo:
- Es a ese tipo de gente a la cual el Brasil está entregado; manipuladores de estadísticas, falsificadores de informaciones, bromistas con sus computadoras, todos creando la Gran Mentira. Pero conmigo no la van. Coloqué al hipócrita en su lugar, ¿no es cierto?
Dije cualquier cosa, concordando. Peçanha sacó la caja de matarratones de su cajón y me ofreció uno. Nos quedamos fumando y conversando sobre la Gran Mentira. Después me dio la carta de Pedro Redgrave y mi respuesta, con su visto bueno, para que la llevase a composición.
A mitad de camino, verifiqué que la carta de Pedro Redgrave no era la que yo le había entregado. El texto era otro:
Estimado Nathanael, tu carta fue un bálsamo para mi corazón afligido. Me dio fuerzas para resistir. No cometeré ningún acto enloquecido, prometo que...
La carta terminaba ahí. Había sido interrumpida en el medio. Extraño. No lo entendí. Algo andaba mal.
Me dirigí a mi mesa, me senté y comencé a escribir la respuesta a Odontos Silva: Quien no tiene dientes tampoco tiene dolor de dientes. Y, como dijo el héroe de la conocida pieza Papo Furado, no hubo nunca un filósofo que pudiese aguantar con paciencia un dolor de dientes. Además, los dientes son también instrumentos de venganza, como dice el Deuteronomio: ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie. Los dientes son despreciados por los dictadores. Recuerda lo que Hitler le dijo a Mussolini sobre un nuevo encuentro con Franco: Prefiero arrancarle cuatro dientes. Temes estar en la situación del héroe de aquella pieza Tudo legal se no fim ninguém se ferra, sin gusto, sin nada. Consejo: ponte los dientes nuevamente y muerde. Si la dentellada no es buena, da gritos y puntapiés.
Estaba ya en la mitad de la carta de Odontos Silva cuando entendí todo. Peçanha era Pedro Redgrave. En vez de devolverme la carta en que Pedro me pedía que le mandase rezar una misa y que yo le había entregado junto con mi respuesta en la que hablaba sobre Oscar Wilde, Peçanha me había entregado una nueva carta, incompleta, ciertamente por error, y que debería llegar a mis manos por correo.
Tomé la carta de Pedro Redgrave y fui hasta la sala de Peçanha.
- ¿Puedo entrar? - pregunté.
- ¿Qué pasa? Entra - dijo Peçanha.
Le entregué la carta de Pedro Redgrave. Peçanha leyó la carta y percibiendo el error que había cometido palideció, como era su costumbre. Nervioso, revolvió los papeles sobre su mesa.
- Todo era una broma -dijo después, intentando encender un habano - ¿Estás enojado?
- En serio o en broma, me da lo mismo - dije.
- Mi vida serviría para escribir una novela... - dijo Peçanha -. Esto queda entre nosotros dos. ¿Está claro?
No sabía bien lo que él quería que quedase entre nosotros dos, si el que su vida sirviera para escribir una novela o el hecho de ser Pedro Redgrave. Pero respondí:
- Claro, entre nosotros dos.
- Gracias - dijo Peçanha. Y soltó un suspiro que cortaría el corazón de cualquiera que no fuese un ex reportero de policiales.